En junio pasado, la organización dio un paso sustancial para afianzar su día a día y desafiarse en su afán de servicio: inauguró su Centro de Distribución Nacional, CEDI. Luego de 18 meses de un fuerte proceso constructivo, la planta, ubicada en el km 49,5 de la vía Guayaquil – Portoviejo, en el cantón Lomas de Sargentillo, provincia del Guayas, arrancó operaciones. La inversión del proyecto asciende a USD 47 millones, monto que forma parte del Convenio de Inversión suscrito, en el 2018, con el Ministerio de Comercio Exterior, que asciende a USD 127 millones de dólares, y mediante el cual TÍA se compromete hasta el 2028 en generar 300 plazas de trabajo anuales y construir 100 nuevos locales, objetivo que la empresa espera cumplir y superar en los próximos tres años. Cuando hablamos de TÍA nos sumergimos en una historia rica y llena de valores. Quién mejor para hablar al respecto que Francisco de Narváez Steüer, Presidente de Grupo de Narváez, compañía focalizada en retail en América y dueña de TÍA. El alto ejecutivo, quien en 1994 se retiró como CEO del Grupo y permaneció en su directorio, charló con Ricardo Dueñas, CEO de Grupo Ekos. Él nos relata que el nombre de los tradicionales almacenes nació de la mente de los abuelos de Narváez en el año 1933 en República Checa, quienes pensaron que luego de una madre, “quien más quiere y mima a uno es la tía". Esta innovadora familia migró a Sudamérica en 1939 y fundó la cadena de almacenes de ramos generales TÍA. Primero en Colombia (1940), luego arribaron en Argentina (1947), Uruguay (1956), Perú (1958) y, finalmente, en Ecuador (1960). ¿Qué sostiene en pie y en sitial preferencial a esta organización? De Narváez no duda ni un segundo en indicar su fortaleza: “nuestros mayores nos enseñaron por la palabra, acción y trabajo, la dedicación y el tiempo que los procesos requieren y que tienen directamente que ver con las personas”. El ejecutivo pertenece a la tercera generación al mando del grupo siempre bajo una consigna: “entendimos que el nivel de competitividad que las empresas empezaron a tener es por la gente”. TÍA hizo una apuesta por levantar una organización 100% profesional. En efecto, ningún miembro de la familia participa en la gestión de la organización. “Participamos en los directorios, en compartir los valores, el amor por nuestra compañía, respeto con nuestros colaboradores y respecto con tener una actividad de compromiso con la sociedad y no solo pensar en resultados”, detalla. En los próximos tres años, la compañía incorporará más de 3.000 personas, ello se suma a un proceso interno para formar talento interno. “Hay una combinación del proceso de inspiración y transpiración para que las cosas sucedan. Nuestro rol como accionistas y familia es ser partícipe de estos desafíos. Tenemos un principio rector, para tener la claridad de la estrategia de la compañía y capacidad inmensa de la ejecución. Nos gusta estar en el top”. Francisco es un buen ejemplo de practicidad y tenacidad. “Cuando terminé el colegio a los 16 años fui a ver a mi abuelo en Argentina -él no hablaba mucho castellano- y le dije que me iba a tomar un tiempo para definir qué carrera quería seguir. Me apoyó, pero me dijo que al día siguiente empezará a trabajar en el depósito. Entonces soy un fanático de la práctica”. El ejecutivo integra una familia de comerciantes “y lo seguiremos siendo y no hay mayor aprendizaje que armar un pallet, desmontar un camión, dar un cambio, meter en una funda la mercancía, atender al cliente. Esa es la mejor escuela. Nuestros colaboradores aprenden del negocio en nuestro negocio”. La profesionalización de la compañía también ha requerido incorporaciones en el área de TI y de logística, pero TÍA ante todo privilegia el ascenso organizacional. La era de la supervivencia Francisco está seguro que el nivel de competitividad que hay en todas las industrias en el mundo ha generado una condición distinta: vivir y ser exitoso o morir y desaparecer, “este es un mercado de supervivencia y se logra siendo más eficientes en costos, y eso implica fortísimos niveles de inversión y de innovación”. Para él, el meollo no pasa por adquirir maquinaria de punta o comprar ordenadores, “este es un tema cultural, porque todos los días debemos hacer lo mismo y a un menor costo”. Francisco asegura que aquellas compañías que se demoren a llegar a estrategias de costes efectivas, van a desaparecer. Por ello, cuando le mencionamos la palabra Innovación, él sabe que es un tema que compete a todos los colaboradores, no está ligado con generaciones o edades, y se debe instaurar en la cadena de valor, procesos y costos. “Es una actitud de cambio de cultura, es transversal”, enfatiza. En TIA, en efecto, hay un grupo de 48 jóvenes -muchos de ellos llevan poco tiempo en la compañía- y que se han formado como células revolucionarias con distintos proyectos y que trabajan junto a los directores de área y actúan en espacios que parecen inamovibles.