Tal vez uno de los factores que mayor potencial tiene para cerrar las brechas de género es la educación. Las cifras son elocuentes: según la CEPAL, un aumento del 1% en la tasa de alfabetización de las mujeres en América Latina y el Caribe se correlaciona con un aumento del 14% en la tasa de participación laboral femenina. Un estudio del Banco Mundial estableció que los obstáculos que impiden a las niñas completar 12 años de educación representan para los países pérdidas de productividad e ingresos que oscilan entre los USD 15 billones y USD 30 billones y, globalmente, se estima que los ingresos por hora aumentan un 9% por cada año adicional de escolarización. Aunque América Latina ha hecho progresos significativos en la equidad de género en la educación y la brecha en la educación primaria se ha cerrado casi por completo, según la Unesco, sólo el 48% de las mujeres completan la secundaria y solo el 27% la educación superior. En la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés), que son precisamente campos en los que las oportunidades de trabajo se encuentran en aumento exponencial, las mujeres están subrepresentadas: menos del 30% de los trabajadores en los campos de STEM son mujeres. Además, 1 de cada 5 trabajadores en el área de matemáticas y ciencias de computación en Ecuador son mujeres. Las razones de esta subrepresentación son variadas y complejas, y muchas de ellas están asociadas a los entornos educativos, sociales y familiares. El resultado es que el “pipeline” que alimenta a estas industrias de mayor dinamismo y mejor remuneración, está roto: simplemente no hay suficientes mujeres formándose en estas disciplinas. – Data reciente del Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC) mostró que, poco más de 2,000 mujeres estudian carreras vinculadas a STEM, mientras que, en el caso de los hombres, esta cifra es cuatro veces más. Esto muestra claramente la necesidad de educar a las niñas y jóvenes para mejorar su participación en STEM, pero sobre todo el potencial que existe en impulsar el talento femenino como una fuente de mayor diversidad, competitividad e innovación. ¿Cómo podemos hacerlo? En primer lugar, es importante acompañar a las niñas desde los primeros años, pues las mujeres comienzan a desarrollar estereotipos de género a una edad muy temprana. Los mensajes prejuiciosos de que “las niñas no son buenas en matemáticas” o “no sirven para la ciencia”, suelen comenzar en el hogar, suelen ser comunicados por el diseño de los ambientes educativos, por los docentes y los compañeros en la escuela. Estos prejuicios pueden tener un efecto duradero en el rendimiento académico y en la elección de carrera. Para contrarrestarlos, debemos empoderarlas, darles confianza en sus habilidades sin sesgos de género y asegurarnos de que estén expuestas a modelos femeninos en STEM tanto en la vida real, en los contenidos educativos, los referentes culturales y en los medios de comunicación para que puedan verse a sí mismas en estos roles. También es importante proporcionar oportunidades para que las niñas exploren STEM de manera experiencial. Varios estudios indican que las niñas son más propensas a interesarse en STEM si tienen la oportunidad de participar en el ejercicio y metodologías como la gamificación, la programación, la robótica y los escenarios de aprender haciendo (maker). Así que más que un diseño diferencial de rutas de aprendizaje o materiales específicos, se requiere una mayor intencionalidad en entusiasmar a las niñas para que desafíen los estereotipos y se lancen a experimentar, a equivocarse y a pensar diferente. También te puede interesar: La mujer en los medios: los hombres aparecen 2,5 veces más que ellas Educar a las niñas y jóvenes para mejorar su participación en áreas críticas como la ciencia y la tecnología no sólo genera mayores oportunidades para las mujeres y atraerlas a una industria que hoy cuenta con alto déficit de talento calificado. Es una herramienta para la vida. El Foro Económico Mundial estima que en 2030 el 77% de los trabajos estarán habilitados por tecnología y crear esas habilidades en las mujeres es fundamental para que tengan un futuro laboral exitoso y uno de los pilares esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible, donde la tecnología sea incluyente y libre de sesgos, y sirva a todos por igual.