En España, la mitad de las personas con estudios universitarios son mujeres, pero analizado por áreas, la brecha de género es llamativa: las mujeres solo representan el 25% del alumnado en carreras científicas como Física, Matemáticas o Ingeniería y menos del 12% en informática. Según un estudio de la Universidad Camilo José Cela (UCJC) basado en los datos del informe PISA 2015, desde pequeñas, las niñas sienten la presión social de la cultura machista y necesitan más autoconfianza para sentir que dominan las asignaturas de ciencias. Según un estudio publicado en Science en 2018, hasta los 6 años las niñas se ven iguales que los niños, pero a partir de esa edad empiezan a asociar brillantez con masculinidad, en la adolescencia su ansiedad aumenta, y para cuando llegan a la Universidad la falta de autoconfianza es un hecho. Para las que finalmente eligen dedicarse a la ciencia, ya sea en investigación o en docencia, el mundo laboral no es ni mucho menos fácil: es una carrera de obstáculos “en la que las mujeres tienen menos oportunidades”, advierte la directora del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNIO), María Blasco. “Hay estudios que muestran que para un puesto de trabajo que requiere experiencia en disciplinas STEM hay muchas más probabilidades de que, en igualdad de méritos, se contrate a un hombre”, explica la doctora en Bioquímica, Ángela Nieto, una de las científicas más premiadas de España y más implicada con la lucha por la igualdad. También te puede interesar: 57% de personas no bancarizadas en Ecuador son mujeres A esto hay que sumar la presión añadida que sienten las mujeres “que ven cómo la calidad de su trabajo y más aún su competencia para desarrollarlo, está más sometida a escrutinio que las de sus colegas hombres” y todo ello sin olvidar que el momento de promoción en la carrera profesional de una mujer suele coincidir con su etapa como madre. “Esto sí que es presión”, subraya Nieto. El resultado es una brecha vertical evidente: en España sólo hay un 18 % de mujeres al frente de centros de investigación, y solo una, Rosa Menéndez -presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas-, dirige un Organismo Público de Investigación. La situación se replica en la docencia: al frente de las 50 Universidades Públicas solo hay ocho rectoras, según la última encuesta bianual de igualdad del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Para revertir esta situación, en 2015 la ONU proclamó el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una iniciativa que insta a los países a promover la igualdad, fomentar las vocaciones científicas en las niñas y dar visibilidad a las mujeres en la ciencia. “Celebrar la iniciativa es muy importante por muchas razones. La primera es constatar la menor participación de la mujer en ciencia y particularmente en las disciplinas STEM”, asegura Nieto. Pero además, “parece evidente que las niñas (y la sociedad en general) necesitan más referentes. Necesitan conocer el trabajo, los logros y los éxitos de las mujeres científicas, muchas veces invisibilizadas”, lamenta Nieto. Fuente: EFE