Tenía una fachada de color rosa Pepto-Bismol. Era un centro de diagnóstico por imágenes, especializado en la mujer. En la recepción atendía un hombre y todo el personal médico estaba conformado por mujeres: algunas parecían ser enfermeras y otras eran médicas “imagenólogas”. El sitio me recordó a la película Barbie y a todas las profesiones que personifica en su mundo “rosa”. Había ido para una mamografía y una ecografía. Mientras esperaba mi turno para el segundo examen y observaba el movimiento del lugar, recordé lo que, días atrás, una tía le había comentado a mi hija que va a estudiar Psicología: “Es una linda carrera para mujer”. Yo empecé con una lucha interna de milisegundos: ¿le respondo a la tía con el riesgo de sonar impetuosa? No lo hice, pero estas eran las palabras que peleaban por salir de mi boca: “¿Y cuáles carreras son feas para las mujeres?”. Son esas sentencias verbales las que moldean -negativamente- nuestra visión del mundo. “Las frases killer”, como sostiene Luis Castellanos, doctor en filosofía e investigador sobre la relación entre la neurociencia cognitiva y el lenguaje verbal. “Las palabras forjan nuestra personalidad. Aquello que vamos a ser en un presente y en un futuro se construye con las palabras”, señala este español, autor del libro ‘La ciencia del lenguaje positivo’. Por eso, ante el comentario de la tía, sentí la necesidad de hacer control de daños y rápidamente me giré hacia mi sobrina de 21 años que estaba sentada junto a mí: “No hay carreras feas ni lindas para mujeres”, le susurré. También te puede interesar: Vidas que inspiran De vuelta al presente, en la sala de espera, me pregunté si todavía se usaba aquella frase de “los médicos y las enfermeras”. Fui a Google y ahí estaba en varias entradas de publicaciones científicas y de medios de comunicación. Claro que la expresión viene de antaño, cuando la medicina era un campo ejercido exclusivamente por hombres y las mujeres los asistían. Pero algunos de los artículos sobre “los médicos y las enfermeras”, que me mostraba Google, tenían fechas de 2021, 2022 y 2023. Pero ahí estaba yo en un mundo diferente al creado con esa frase: en un consultorio de fachada rosa que lleva el nombre de su médica principal, su propietaria, y al que volví para que me realizaran una biopsia que fue analizada por una patóloga, quien luego envió los resultados a mi ginecóloga. Un mundo construido con palabras inclusivas, en el que no hay ni médicos ni enfermeras, sino personal médico y de enfermería o personal de la salud. Así de simple, sin estereotipos de roles de género. Por: Lola Alvear, periodista, asesora en lenguaje inclusivo.