Según varios estudios, la herida de humillación genera una actividad cerebral mucho más acelerada e intensa que los sentimientos más positivos como la felicidad y los más negativos como la rabia, cuando eres humillado tus áreas cerebrales relacionadas con el dolor se activan a tope. De un tiempo para acá hemos sufrido una oscura transformación en la interacción con las otras personas, donde se ha normalizado el ridiculizar, insultar, avergonzar o menospreciar al otro en los ambientes laborales. Más aún hoy con las redes sociales, el difundir rumores, indirectas, críticas no constructivas sobre su trabajo o desempeño, son muy comunes. La intromisión en la vida privada de tu equipo, en sus aficiones, tendencias o modo de vida es un ejemplo claro de humillación, considero que esta es una de las acciones más bajas que existen, ya que cruzas esa línea de respeto y espacio del otro ser humano, que también siente, anhela sonríe y llora. También te puede interesar: Wellness 360 Tatúate esto en tu alma: “El respeto es la manifestación externa de la dignidad" La humillación, es algo simplemente inadmisible, no negociable, la profesora no puede humillar a su alumno porque no entendió un concepto, no puede un jefe humillar a su empleado ante un desacuerdo, un amigo, familiar o pareja no te puede humillar bajo ningún concepto. Quienes lideramos empresas, tenemos una doble obligación, la primera, nunca, bajo ninguna circunstancia podemos humillar a alguien, ni siquiera con un “chiste” o indirecta o a manera de comentario pasajero. Pero además tenemos la obligación de ser custodios de la dignidad de nuestro personal y no podemos permitir que ningún tercero humille a cualquiera del equipo. Es duro reconocer, pero existen empresas con esa “sub cultura organizacional” donde estos desagravios son permitidos y hasta normales, esta incultura, muchas veces es fomentada por los mismos líderes o dueños de dichas organizaciones y son ellos quienes las fomentan de manera cruel y despiadada, si has tenido la mala suerte de caer en una de estas compañías, por favor, huye. Si has sido víctima de humillaciones, déjame decirte que, como toda herida, se cura. Te invito a reconocerlas y a no normalizarlas, aunque sea duro, recuerda las experiencias humillantes para así liberar esos sentimientos oprimidos y superarlos. Por: María Pía Zambrano Ch.