El himno nacional del Ecuador sonaba en las Olimpiadas de Tokio 2020, pero Neisi no recuerda haberlo escuchado a causa de la adrenalina que recorría su cuerpo y por el sinfín de emociones que la inundaron tras convertirse en la primera mujer ecuatoriana en ganar una medalla de oro. Retrocedamos en el tiempo, exactamente, al 2009. Neisi siempre se ha caracterizado por caminar hacia sus objetivos. Cuando empezó a interesarse por la halterofilia, varias personas le repitieron que las pesas eran “para hombres” y que su cuerpo, al adquirir masa muscular, dejaría de ser “femenino”. Si bien en un principio estos comentarios machistas le hicieron desistir, su entrenadora veía en ella un enorme potencial y la motivó para que continúe. “Las competencias te harán conocer el mar y salir de la provincia”, le aseguró. Así, a los 11 años tuvo su primera experiencia deportiva. Entre risas cuenta que, para hacerlo, tuvo que escabullirse de su casa. “Regresé con la medalla, pero no me libré de la retada”, menciona mientras sus hoyuelos se marcan en su rostro. El apoyo de su familia estuvo presente en todas sus etapas y ese ha sido, sin lugar a dudas, su pilar. Un claro ejemplo de ello es por qué Neisi lleva el apellido de su madre. Cuando era una pequeña de doce años, la pesista clasificó a su primer mundial. Para salir del exterior debía tramitar la visa y el pasaporte. Sin embargo, su padre estaba fuera del país y no podía completar la solicitud. Entonces, su mamá -Sandra- decidió cambiarle el apellido para que su hija pudiera participar y perseguir sus sueños. Y, como era de esperar, con tan solo un año de experiencia como deportista, ganó esta competición y se llevó el título de campeona panamericana de levantamiento de pesas Sub-15. La fortaleza no es solo cuestión física Una de las mayores inspiraciones para Neisi fue Javier Palacios, su hermano mayor. “Él hizo que el deporte exista en mi familia”, señala con la voz entrecortada. Javier falleció en el 2018 y este episodio marcó un antes y un después en su vida. La motivación y fortaleza se destacaban de manera constante en la joven, pero en ese momento le costó seguir avanzando por el camino que había trazado. A pesar de esto, la pesista -junto al valioso respaldo familiar y de sus seres queridos- halló las herramientas necesarias para no ceder. Un día, conversando con su hermana Angie Palacios, quien obtuvo un diploma olímpico en Tokio 2020 y una consagratoria actuación en el Grand Prix de Cuba el pasado 14 de junio, le comentó que “no sabía si posee la fuerza suficiente para superar otra pérdida familiar”. Pero la vida le desafió de maneras que, a veces, no se puede comprender. Al año siguiente, su mamá falleció. “Después de ese tiempo todo cambió”. A tan sólo un mes de su dolorosa partida, la pesista participó en los Juegos Panamericanos, en Lima, y cuenta que participó en memoria de Sandra, ya ella siempre le dijo que llegaría lejos. Y así fue. “Nadie dijo que sería fácil y, aunque a veces pensé que sería imposible, mi fuerza salió del cielo”, dice. Ahora, sus ojos se enfocaron en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. El camino hacia la medalla olímpica Para la deportista, su llegada a Japón fue complicada. No sólo por todo el entrenamiento y trabajo duro que realizó, sino por la travesía que vivió a pocos días de su competencia. “Mi entrenador y yo tuvimos un -misterioso- falso positivo”, menciona. Estos resultados se entregaron en la ciudad de León, España. Con un mal sabor de boca, optaron por no quedarse de brazos cruzados. Viajaron a Madrid para, con el apoyo del cónsul de Ecuador, realizarse otra PCR en un laboratorio certificado. “Después de recibir tres pruebas negativas, finalmente viajamos a Tokio”, cuenta. También te puede interesar: Pía Salazar, la ecuatoriana declarada la mejor chef pastelera del mundo Ya abordo, menciona que el alivio que sintió fue inexplicable. Sentir que estaba tan cerca de cumplir una de las más grandes aspiraciones para un deportista le hizo viajar en el tiempo y recordar sus raíces. Eso, una vez más, fue su inspiración al momento de levantar 118 kg en arranque y 145 en envión, 263 kg en total. Con gritos, saltos, lágrimas y emoción se proclamó campeona olímpica en halterofilia. En ese momento, Neisi escribió su nombre en la historia, no solo por ganar una medalla, sino por demostrar que las mujeres ecuatorianas y las mujeres afrodescendientes son fuertes y empoderadas.