Observar el entrenamiento de la medallista olímpica de Tokio 2021 se siente como asistir a un espectáculo único, donde el sonido de las pesas al caer hace resonar el piso y entrecerrar los ojos. Son estruendos cortos: ¡plaf, plaf, plaf! De entrada, se sabe que se está en el mismo sitio que la mujer más fuerte de Ecuador y del mundo en la categoría de 76 kilogramos. Con su disciplina, garra y voluntad ganó oro a sus 23 años, entonó el himno nacional a 14.590 km de distancia y nos hizo volver a creer en el eterno: ¡Sí se puede! Conversamos con Neisi durante su descanso porque cumple con su preparación a rajatabla. La barra que tiene delante pesa 15 kg y a eso le suma carga gradualmente con discos de 5, 10, y 20 hasta completar 100 kg o un poco más; lo que se parece a cargar una repisa con libros en solitario y sin gestos de dolor. Ni una mueca, nada, solo concentración. Nos encontramos en el gimnasio de la Universidad San Francisco de Quito, donde ella y tres de sus siete hermanos están becados para ejercitarse como los deportistas de élite que son. Mientras hablamos explica cómo ha sido este camino de ser una chica fuerte.Entonces no es una exageración decir que con su voluntad podría levantar en peso a Ecuador entero. Porque esas ganas las mantiene intactas desde los 11 años cuando se inició en la halterofilia -levantamiento de pesas- en su natal Shell (Puyo) y fue lo que enganchó a Daniel Yépez Brito (director) e Irina López Eldredge (producción) a considerarla como protagonista de un documental que empezó a grabarse en 2015 y se estrenó en las salas de cines ecuatorianas en noviembre de 2023. Son 86 minutos perennizados bajo el nombre de ‘Neisi, la fuerza de un sueño’. Allí se recogen ocho años de un camino sin precedentes. En realidad, desde mucho antes el coraje de Neisi se quedó en la retina de los espectadores. Eso sucedió tras su participación en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, donde observamos atónitos cómo se recuperó de un desmayo con convulsiones. La misma sorpresa se llevaron Irina y Daniel. Salió en las noticias, se quedó en YouTube y lo vieron ellos cuando hacían una serie de televisión sobre los derechos de la mujer y buscaban personajes destacados en sus áreas. Neisi fue la amazónica escogida. El buen ojo de Daniel e Irina encontró una historia que ahora es ejemplo. Tuvieron la oportunidad de seguirla, ver su crecimiento, sus triunfos, pérdidas -su hermano y madre fallecieron en 2018 y 2019, respectivamente- y la alegría de una meta cumplida. A ambos les llamó la atención cómo esa joven que por entonces tenía 17 años, tuvo la determinación de continuar con su competencia en Toronto. ¿Lo más increíble? Salió vencedora y ganó medalla de plata. “Realmente la disciplina es una de las cosas fundamentales para llegar al éxito, para cumplir nuestros sueños. En el tema de entrenamiento esto se convierte prácticamente en una rutina. El levantamiento de pesas es mi vida”. Neisi tiene su versión de lo que pasó ese día. Se encontraba bajando dos kilos, se descompensó porque no tenía una buena alimentación y vino la escena que ya conocemos. “Los entrenadores estaban preocupados y no querían sacarme. Entonces les dije que no, que sí podía, allí fue que salimos al segundo intento, al tercer intento y peleamos la medalla de plata”, recuerda esta deportista, quien termina de limpiar sus manos que minutos antes espolvoreó con magnesio. Tanto Irina y Daniel están satisfechos con el resultado de lo que ahora se reproduce en la pantalla grande. Se sienten orgullosos y coinciden en que ha significado un crecimiento personal y profesional para cada uno. “La película no fue a partir de la medalla, ella sabe eso, de que no es que uno se quiera agarrar del logro, sino que queremos contar la lucha de una mujer por sus sueños”, enfatiza Daniel sobre el propósito que siempre tuvieron. Para que este proyecto sea una realidad aplicaron a tres fondos concursables y los ganaron todos. Ese dinero se destinó a desarrollo, producción y postproducción. El documental se grabó entre Shell, Quito y Carpuela. “Cuando la conocimos, primero que nos cayó super bien, nos pareció una chica muy carismática, pero también tiene su personalidad fuerte, ella sabe marcar sus límites”, cuenta Irina de esas impresiones que marcaron estos ocho años. A la par, Neisi sigue sumando discos a su barra. Su fuerza se nota en cada músculo marcado. Esa mañana atendió a los medios hasta la 13:00 porque tenía un chequeo de rodilla por una lesión anterior. Su rendimiento no lo descuida por nada. Pasada la premier del documental en Shell y Quito estará en Estados Unidos para seguir entrenando. ¿Algo que la acompaña siempre? Un tatuaje al costado de su costilla que reza: “Siempre hay una esperanza”. Para Neisi sí que la hubo y para otras niñas como ella, la habrá. Texto: Catherine Yánez Lagos