La huella de carbono se ha convertido en un tema crucial cuando hablamos de sostenibilidad, especialmente en el contexto del accionar empresarial. Las compañías, en todo el mundo, enfrentan el desafío de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para combatir el cambio climático. Pero este es un esfuerzo que requiere del compromiso tanto de los líderes empresariales como de todos los que integran la organización, debe ser un compromiso integral y tranvesal de las diversas industrias y sectores económicos de un país. En 2023, el panorama de las emisiones globales de carbono, emitidas por combustibles fósiles, alcanzó cifras récord, superando los 40 mil millones de toneladas, según el Global Carbon Project, un consorcio internacional de científicos de más de 90 instituciones. Este incremento, aunque modesto, refleja la complejidad de alcanzar reducciones significativas a pesar de los avances tecnológicos y las políticas enfocadas en la sostenibilidad. En este contexto, la contribución de América Latina, aunque menor en comparación con las potencias industriales, sigue siendo significativa y requiere atención. También te puede interesar: Potencia el desarrollo de sus colaboradores de forma sostenible La energía limpia es el camino De acuerdo a la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), el aumento del 1,1% de las emisiones en 2023 representó un incremento de alrededor de 410 millones de toneladas de CO2. El crecimiento porcentual de las emisiones fue sustancialmente más lento que el crecimiento del PIB mundial, que fue de alrededor del 3% en 2023. Durante los diez años que finalizaron en 2023, las emisiones globales de CO2 han aumentado un poco más del 0,5% anual. Esto no se debe solo a la pandemia de Covid-19: aunque las emisiones cayeron vertiginosamente en 2020, al año siguiente, ya habían repuntado al nivel anterior a la pandemia. El sector empresarial, un eje neural en la descarbonización Las empresas están adoptando varias estrategias para mitigar su impacto ambiental. La eficiencia energética se presenta como una medida primordial, buscando maximizar el rendimiento mientras se minimiza el uso de recursos no renovables. Paralelamente, la transición hacia combustibles de baja emisión, como las energías renovables, se está acelerando, marcando un cambio en la matriz energética hacia opciones más limpias. Según la IEA, la tecnología de captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS) emerge como una solución innovadora, permitiendo a las industrias capturar el CO2 emitido antes de que alcance la atmósfera. Esta tecnología, aunque en desarrollo, promete ser una herramienta vital en la reducción de la huella de carbono a nivel industrial. Así también, los habilitadores de la descarbonización, que incluyen avances tecnológicos y la renovación de infraestructuras, son fundamentales para facilitar una transición hacia prácticas de baja emisión de carbono. Pero, estos esfuerzos requieren no solo inversiones significativas sino también un cambio cultural y organizacional dentro de las empresas, así como el compromiso por expandir las buenas prácticas para involucrar a toda la cadena de valor. ¿Cómo avanza América Latina? En América Latina, varias iniciativas están mostrando el camino hacia la adopción de prácticas de producción más limpias, gestionando mejor sus recursos y sus fuentes de energía. Por ejemplo, varias compañías ya empezaron su transición hacia fuentes renovables como la solar y eólica, lo que les ha permitido no solo reducir sus emisiones GEI, sino también disminuir su dependencia de combustibles fósiles. Este cambio es beneficioso para el medio ambiente, pero además asegura una mayor estabilidad y previsibilidad en los costos de energía a largo plazo. El sector transporte también juega un papel crucial en la reducción de emisiones GEI, con un creciente número de empresas invirtiendo en vehículos eléctricos y sistemas de logística más eficientes A nivel gubernamental, la implementación de políticas y regulaciones que incentiven la reducción de la huella de carbono también es fundamental. Beneficios fiscales, subsidios para tecnologías limpias, y marcos regulatorios claros pueden acelerar la adopción de prácticas sostenibles en el sector empresarial, tomando en cuenta que la colaboración entre el sector público y privado es esencial.