Detrás de cada estructura imponente y cada diseño innovador, se esconde una realidad donde la discriminación es tan fuerte como un muro de cemento y donde el sesgo ha marcado un límite en el cielo, interrumpiendo el avance femenino en un sector históricamente dominado por hombres. Las mujeres ganan un 24% menos que los hombres en el campo de la arquitectura. Esta diferencia salarial afecta directamente el acceso a la formación profesional y otras oportunidades. Entre la representación, los cargos directivos y los roles de autoridad: En un sector donde la creatividad y la innovación son esenciales, es alarmante que exista una aceptación extremadamente baja sobre el rol de autoridad de la mujer y, sobre todo, que el machismo interiorizado de la sociedad contribuya a crear una desigualdad de género que se manifiesta no solo en la representación numérica, sino también en la disparidad salarial. Para adentrarnos más en el día a día de las mujeres que forman parte de un sistema en el que se han visto obligadas a “hacer un sobreesfuerzo” para destacar, Ekos Construcción conversó con Verónica Rosero, arquitecta, docente e investigadora y con María Samaniego, arquitecta y Presidente del Colegio de Arquitectos de Ecuador-Pichincha, quienes nos llevaron por un extenso viaje por el pasado y una exploración detallada sobre el presente, el cual debe equiparse de políticas públicas, oportunidades y educación para derribar aquellas barreras invisibles que si se miran de cerca, son bastante visibles. Una paridad engañosa “Ya no es anecdótico que una mujer se gradúe de una carrera como arquitectura, esto marca un cambio significativo respecto a épocas pasadas”, dice Verónica, quien destaca que las pioneras enfrentaron porcentajes extremadamente bajos de graduación, con casos que apenas alcanzaban el 10% o un máximo del 13%. Sin embargo, si bien la situación ha evolucionado hacia una mayor igualdad en la obtención de títulos, el problema viene después, cuando las puertas del ejercicio profesional, especialmente cuando se trata de cargos de alto nivel, se cierran. “Para acceder a un alto a un alto cargo público, tienes que tener un título de cuarto nivel y es ahí donde empiezan a bajar los porcentajes”, explica Verónica. María agrega que, si bien entre el 50% y el 60% de los graduados en arquitectura son mujeres, sólo el 17% de las y los socios activos del Colegio de Arquitectos son de género femenino. Esto indica una discrepancia en la representación en la profesión. Por esta razón, María explica que desde el CAE-P están emprendiendo una campaña, la cual incluye una encuesta para comprender la situación laboral de las arquitectas. Esto recordando que, según María, la representación femenina en el Colegio de Arquitectos ha sido un tema complejo, ya que si bien durante los 62 años de existencia del gremio, las mujeres han desempeñado roles fundamentales, ella es la primera mujer en ocupar el cargo de presidencia. Ruptura de conceptos y creación de nuevas políticas: Una posible solución radica en la implementación de políticas que equiparen los derechos y responsabilidades de maternidad y paternidad, garantizando que hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades y apoyando la creación de un entorno laboral más equitativo. 1. Cargas familiares y maternidad: Las mujeres enfrentan desafíos adicionales debido a las cargas familiares y las responsabilidades de la maternidad, lo que a menudo las lleva a tomar decisiones que afectan su carrera profesional, como postergar la formación académica o aceptar trabajos precarios. Al igualar el tiempo de ausencia por motivos de maternidad y paternidad, se reduce el riesgo de discriminación de género en el ámbito laboral y se promueve una mayor participación de las mujeres en la fuerza laboral. “Estas medidas no solo benefician a las mujeres, sino que también fomentan una distribución más equitativa de las responsabilidades familiares, contribuyendo así a una sociedad más justa y equitativa”, explica Verónica. 2. Cuotas de igualdad: El debate en torno a las cuotas de género ha sido extenso y controversial, revelando la resistencia arraigada en las estructuras y sistemas sociales. Además, la falta de cuotas se traduce en una persistente desigualdad de acceso a empleos y cargos entre hombres y mujeres, evidenciando la necesidad de medidas para nivelar el campo. Verónica explica que, aunque existe el riesgo de que algunas posiciones sean ocupadas por mujeres debido a un sesgo positivo, los beneficios de estas políticas son significativos, ofreciendo a las mujeres oportunidades que de otra manera les serían negadas, esto siempre y cuando no caigan en una inclusión forzada. María, por su parte, considera que la equidad de género debe ser un principio en la búsqueda de personal, pero las cuotas no deben ser restrictivas ni forzar la inclusión, ya que debemos recordar valorar las capacidades y la experiencia de cada individuo más allá de su género. 3. Urbanismo con enfoque de género: María explica que desde el Colegio de Arquitectos, abogan por el enfoque de género en el urbanismo, promoviendo medidas de diseño urbano que garanticen la seguridad de las mujeres. También trabajan para influir en políticas públicas que fomenten la equidad salarial y la inclusión de perspectivas de género en el diseño de viviendas de interés social. 4. Referencias femeninas: María explica que el CAE-P está comprometido a garantizar la paridad de género en todas sus actividades, desde foros hasta invitaciones a conferencistas en grandes y pequeños eventos. Así, se esfuerzan por representar la diversidad y promover la participación equitativa de hombres y mujeres en todos los ámbitos de la arquitectura. Verónica, por su parte en la docencia, se asegura de equiparar su syllabus con referencias bibliográficas que cumplan con una paridad de género y de lugar de origen. Además sus estudiantes deben incluir referencias de mujeres y hombres arquitectos en igual proporción dentro de sus trabajos y proyectos.