¿Por qué este Mundial podría convertirse en el evento deportivo más contaminante de la historia y cuáles son los principales factores que explican esa huella ambiental? No se trata de una posibilidad, sino de una realidad ya advertida por especialistas internacionales. Según estimaciones académicas, la Copa del Mundo ampliada podría superar los 9 millones de toneladas métricas de CO₂ equivalente, casi el doble del promedio de las últimas cuatro ediciones. El principal factor es la movilidad aérea: entre el 80% y el 90% del impacto ambiental proviene de los desplazamientos en avión de selecciones, delegaciones y aficionados. A esto se suman las emisiones asociadas al alojamiento, el consumo energético de los estadios y la gestión de residuos. También puedes leer: Ciudades de Perú, Chile y México lideran la contaminación del aire en Latinoamérica, según IQAir El torneo se disputará en tres países y con un mayor número de selecciones y partidos. ¿Cómo inciden estos cambios en las emisiones de CO₂, especialmente por movilidad, logística e infraestructura? El salto de 32 a 48 selecciones es uno de los factores que más presiona la huella de carbono del torneo. Más equipos significan más viajes, más sedes, mayor despliegue logístico y un incremento exponencial en la movilización de aficionados. Además del impacto directo en emisiones, el especialista advierte efectos secundarios en las ciudades sede: mayor consumo energético, presión sobre recursos esenciales y hasta tensiones en vivienda temporal por la subida de alquileres durante el torneo. Desde su perspectiva, ¿qué tan efectivas son las medidas que la FIFA y los comités organizadores están impulsando para mitigar el impacto climático del torneo? Las medidas anunciadas son un primer paso, pero todavía insuficientes frente a la magnitud del evento. Existe coordinación entre FIFA y las ciudades sede para reducir emisiones mediante objetivos y planes locales, pero el diseño mismo del torneo —más grande, más largo y en tres países— hace que las acciones de mitigación pierdan eficacia. El resultado es una contradicción evidente entre el discurso institucional y la escala real del impacto ambiental. Más allá de los compromisos públicos, ¿qué acciones concretas deberían implementar las sedes y los actores involucrados para que la sostenibilidad no quede solo en el discurso? La clave debe ser la transparencia total en indicadores, inversiones y resultados ambientales, ya que el impacto recae directamente sobre las ciudades y sus habitantes. Entre las acciones más efectivas destacan el uso de iluminación LED, paneles fotovoltaicos, ventilación natural, diseño bioclimático y sistemas de eficiencia térmica en estadios e infraestructura complementaria. El experto señala que los proyectos deportivos deben incorporar sostenibilidad desde la arquitectura y la operación, no solo desde campañas de comunicación. Te puede interesar: Ecuador impulsa laboratorios vivientes de cacao regenerativo para fortalecer la bioeconomía del sector ¿Cree que el derecho deportivo internacional debería avanzar hacia normas obligatorias en materia de sostenibilidad para eventos de esta magnitud? ¿Qué tipo de regulación sería necesaria? Sí. Para García Carmona, el deporte internacional necesita avanzar hacia marcos regulatorios vinculantes en sostenibilidad, especialmente en eventos de escala global. El punto de partida está en principios como los del Acuerdo de París, pero trasladados a reglas específicas para federaciones, sedes y organizadores. La regulación debería establecer metas medibles por país, límites de emisiones por evento, sistemas de auditoría independientes y mecanismos de rendición de cuentas que vayan más allá de compromisos voluntarios.