El empoderamiento de las mujeres rurales es un pilar fundamental para el progreso sostenible en Ecuador. Al brindarles acceso a formación, recursos y espacios de participación en la toma de decisiones, no solo se fortalece su autonomía, sino que se impulsa la reducción de la pobreza y se cierran brechas de desigualdad. Estas mujeres, con su resiliencia y conocimiento del territorio son agentes clave en la construcción de un futuro más justo y equitativo, donde sus voces y acciones impulsan verdaderos cambios en sus comunidades y en el país. Sin embargo, su aporte no siempre es reconocido, y continúan enfrentando barreras significativas que limitan su acceso a la tierra, recursos productivos y oportunidades de desarrollo. Retos y cargas dobles: Según el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), uno de los mayores desafíos que enfrentan es el acceso a la tierra, ya que solo el 12,71% de las tierras agrícolas están en manos de mujeres. Esta desigualdad está profundamente arraigada en normas de género que priorizan a los hombres como propietarios de los recursos, perpetuando la dependencia de las mujeres rurales respecto a las figuras masculinas. Así, a pesar de su rol vital en la producción de alimentos, la falta de propiedad sobre la tierra impide que las mujeres rurales tomen decisiones estratégicas sobre el uso de los recursos, afectando su capacidad para contribuir plenamente a la seguridad alimentaria del país. Además de la dificultad para acceder a la tierra, las mujeres rurales soportan una doble carga de trabajo. De acuerdo con la FAO, ellas dedican un promedio de 25 horas más por semana que los hombres a tareas no remuneradas, como el cuidado del hogar y de la familia, lo que limita su capacidad para participar en actividades productivas fuera de sus hogares. Este exceso de responsabilidades no solo afecta su bienestar personal, sino también su capacidad para acceder a formación, financiamiento y mercados que podrían mejorar sus condiciones de vida y las de sus comunidades. Elvia Guamán: Lideresa en la parroquia de Cocotog, en el Distrito Metropolitano de Quito, trabajó en el proyecto “Quito Territorio Común para las Mujeres Rurales”, que fomenta el fortalecimiento de las identidades culturales y la producción de alimentos saludables. A través de varios proyectos, Elvia y otras mujeres rurales están protegiendo sus tradiciones agrícolas y promoviendo prácticas sostenibles que garantizan la seguridad alimentaria y la conservación de los recursos naturales esenciales para el futuro. Foto: Martín Jaramillo También te puede interesar: Tipos de compradoras en Ecuador Shiram Mashinkiash: Es lideresa indígena y apicultora en la Amazonía. En esta actividad, ella ha encontrado una forma de fortalecer la economía local y la conservación del medio ambiente. A través de proyectos, Shiram y otras mujeres han aprendido a combinar sus conocimientos ancestrales con técnicas modernas para generar ingresos y, al mismo tiempo, proteger la biodiversidad de la región amazónica. Foto: Johis Alarcón El papel de ONU Mujeres En Ecuador, ONU Mujeres ha promovido los bioemprendimientos como una solución para integrar la sostenibilidad ambiental con el empoderamiento económico. A través de proyectos y programas como ProAmazonía y Territorio Común, por ejemplo, se ha brindado apoyo a mujeres rurales para que desarrollen emprendimientos que no solo generan ingresos, sino que también contribuyen a la conservación de la biodiversidad. Estos son esenciales para asegurar un futuro alimentario sostenible, ya que promueven prácticas agrícolas respetuosas con el medio ambiente, asegurando así la sostenibilidad de los recursos a largo plazo. Sin embargo, la falta de acceso a recursos productivos como la tierra sigue siendo un desafío central -a pesar de que las políticas públicas han intentado reducir estas desigualdades, los avances han sido insuficientes, según el Ministerio de Agricultura- se requiere un enfoque más inclusivo que permita a las mujeres rurales tener acceso igualitario a los recursos que necesitan para prosperar y continuar desempeñando su papel esencial en la producción de alimentos y la sostenibilidad ambiental. El trabajo de las mujeres rurales es crucial no sólo para garantizar el suministro de alimentos sino también para preservar el medio ambiente y conservar la biodiversidad. Su liderazgo en la agricultura familiar campesina es un pilar fundamental para la seguridad alimentaria, y su empoderamiento es clave para construir un futuro más justo y sostenible para todas las personas.