En esta primera edición del año, nos sumergimos en el fascinante mundo de la construcción. En colaboración con Verónica Rosero, arquitecta y coautora del libro “Pioneras en la Arquitectura Ecuatoriana”, destacamos los notables aportes de mujeres en la arquitectura, reconociendo la falta de reconocimiento para estas pioneras a lo largo de la historia. Acompáñenos en este viaje mientras resaltamos el ingenio y la creatividad de estas mujeres, desafiando estereotipos y construyendo un camino hacia la igualdad en la industria. Investigación, Divulgación & Arquitectura “El empoderamiento se logra a través del conocimiento”, afirma Verónica, quien siempre le ha sido fiel a su creencia de que para avanzar, independientemente del género, carrera o edad, es necesario nutrirse de conocimientos, ya que el conocimiento te otorga poder. Ella, junto a su colega y docente, Néstor Llorca, fundaron un estudio de arquitectura y diseño en 2006. Sin embargo, en 2009, bajo la filosofía de que 1+1=3 (sinergia), donde los efectos de la sumatoria de las partes potencian las cualidades aisladas, tomaron un rumbo hacia la investigación. I+D+A (Investigación, Divulgación y Arquitectura) representa el recorrido profesional de los dos fundadores, uniendo fuerzas y sus respectivos conocimientos en distintas áreas. Tal es su deseo de compartir sus conocimientos que, en 2015, dieron un paso más al incursionar en la academia, desempeñándose como docentes, investigadores y gestores. “Desde I+D+A, aspiramos a compartir los hallazgos derivados de nuestros estudios sobre la construcción con la sociedad”, cuenta Verónica. Su objetivo va más allá de la arquitectura; buscan contribuir a derribar los techos de cristal y promover un cambio en la percepción colectiva. Bajo este paraguas, en 2020 junto a María José Freire, una destacada arquitecta, surgió una idea que borraría lo que -supuestamente- estaba escrito en piedra. Pioneras de la Arquitectura Ecuatoriana Tres jóvenes arquitectos, impulsados por su conocimiento, el deseo de investigar y la voluntad de catalizar un cambio para las generaciones futuras, emprendieron la tarea de adentrarse en un terreno poco explorado. María José Freire, arquitecta y docente, junto a Verónica y Néstor, sumaron sus conocimientos y se sumergieron en la búsqueda de documentación escasa para poner de manifiesto el trabajo de las mujeres en la historia de la arquitectura. Su libro “Pioneras de la Arquitectura Ecuatoriana” tiene como objetivo rescatar del olvido a las mujeres que marcaron la historia de la construcción. Con un enfoque fresco y en el contexto de la cuarta ola feminista, este proyecto desafía y busca respuestas. Su trabajo realiza un recuento histórico sobre la presencia de la mujer en esta área desde 1930 hasta 1980 para visibilizar y destacar los aportes de las primeras arquitectas en el país. ¿Quiénes son estas mujeres que desafiaron las expectativas y forjaron su camino en un entorno predominantemente masculino? Su primer hallazgo se remonta a Otilda Plaza en 1930, quien, si bien no terminó sus estudios, fue la primera mujer en ingresar a una carrera de arquitectura en la Universidad de Guayaquil. Hasta María Samaniego en 2021, la primera mujer en ocupar la presidencia del Colegio de Arquitectos de Pichincha. Este proyecto no solo busca rescatar la historia de estas mujeres pioneras, sino también arrojar luz sobre la diversidad y el impacto de las mujeres en el campo de la arquitectura en Ecuador. Derribar los muros patriarcales es tarea de todos En las primeras páginas de su revelador libro, Néstor Llorca Vega nos sumerge en un capítulo titulado “Los estudios de género no son solo cosa de mujeres”. Aquí, de manera contundente, expone la idea de que el espacio no es un ente neutro; más bien, los edificios, la educación, el espacio público y los roles profesionales en arquitectura se han forjado a partir de los códigos arraigados en una sociedad patriarcal. Nestor sostiene la audaz tesis de que estos espacios fueron diseñados intencionalmente para separar, revelando una planificación meticulosa que evidencia la posibilidad de diseñar la desigualdad. Desde las ciudades hasta las carreras universitarias y los modelos sociales, existe un diseño oculto que, según Llorca, exige ser reconocido y cuestionado. Con esta perspectiva, insta a la sociedad a ir más allá de las limitaciones preestablecidas, especialmente en lo referente a la discriminación de género. Enfatiza que la arquitectura, cuando adopta un enfoque de género, se convierte en una poderosa herramienta para desmantelar los muros patriarcales. Este llamado a la acción propone unir a mujeres y hombres en un debate contemporáneo esencial sobre la configuración de nuestros espacios y relaciones sociales. Según Nestor, la arquitectura con un enfoque de género se revela como una arquitectura de vínculos, de elementos articulados que promueven relaciones complejas en la vida cotidiana y redes de interacción entre esferas públicas, comunitarias y domésticas. En sus palabras, se plantea la posibilidad de transformar no solo los espacios físicos que habitamos, sino también las estructuras sociales que han moldeado nuestra percepción del mundo. Reconciliarse con la feminidad Las carreras consideradas tradicionalmente masculinas, como la arquitectura, la medicina y el derecho, han sido históricamente dominadas por hombres, alimentando el estigma de que son exclusivas para ellos. En este contexto, se ha forjado un paradigma que exige a las mujeres que logran destacar en estos ámbitos adoptar estilos de liderazgo masculinizados. La paradoja radica en que, “para alcanzar el éxito, se les insta a distanciarse de lo que culturalmente se considera femenino”, dice Verónica. En una conversación con la arquitecta, ella asiente con la cabeza al mencionar que el empoderamiento, el liderazgo y la posición de jefe han estado vinculados erróneamente a una masculinidad estereotipada, obligando a las mujeres a sacrificar su autenticidad y a conformarse a modelos de comportamiento ajenos a su identidad. Pero según ella -y desde su visión como docente- estamos presenciando una transformación en los tiempos actuales. A medida que la sociedad progresa y desafía estos estereotipos, se abren caminos para que las mujeres ocupen roles destacados sin renunciar a su feminidad. La búsqueda de referentes femeninas ya no es una tarea ardua, y la diversidad de modelos a seguir se multiplica, ofreciendo inspiración a las generaciones presentes y futuras. En este nuevo panorama, se abre la posibilidad de redefinir el liderazgo y el empoderamiento, reconociendo que no tienen una conexión intrínseca con la masculinidad. “Las mujeres pueden liderar y empoderarse siendo auténticas, sin renunciar a aspectos asociados con la feminidad. Los tiempos cambian, y la narrativa evoluciona hacia la inclusión y la aceptación de la diversidad de talentos y habilidades, independientemente del género”, concluye.