Caminar por el centro histórico de la capital mexicana es conocer el legado del empresario Alberto Baillères (Ciudad de México, 1931), quien falleció a inicios de febrero a la edad de 90 años. A una cuadra del Zócalo, las vitrinas de la lujosa tienda departamental, Palacio de Hierro, conservan molduras y el estilo original, de cuando se inauguró en 1891, años antes de que se convirtiera en una de siete empresas que conforman Grupo Bal, la matriz que hizo de Baillères el tercer hombre más rico de México. Su fortuna alcanza los USD 8.480 millones de dólares, de acuerdo con el índice global de millonarios de Bloomberg. Todo empezó con el oro y la plata. Fundada por su padre Raúl Baillères, en 1887, Industrias Peñoles ya era una de las empresas mineras más importantes del país. Alberto tomó las riendas a la edad de 28 años, tras la muerte de su padre, y la transformó en una de las empresas de materias primas más importantes del mundo. Actualmente, y de acuerdo con reportes financieros de la empresa emitidos el año pasado, Peñoles es actualmente uno de los dos mayores productores de plata del mundo a través de su subsidiaria, Fresnillo, operando una de las minas más ricas en el estado de Zacatecas. En el país, solo la empresa minera Grupo México la supera.También te puede interesar: Con qué negocio Carlos Slim logró convertirse en el empresario más rico del mundo Baillères heredó, también, el legado educativo de su padre: el Instituto Tecnológico Autónomo de México, conocido por sus siglas ITAM. La universidad, reconocida por su visión empresarial, se ha convertido en semillero de funcionarios de Gobierno en la historia reciente de México, así como de empresarios dentro y fuera del país. A estas actividades el empresario fue agregando negocios en diferentes sectores. Abrió Valores Mexicanos Casa de Bolsa y Operadora Valmex de Fondos de Inversión en el sector financiero. Incorporó también la aseguradora GNP Seguros y el fondo de retiro (o Afore) Grupo Profuturo. En total, el conglomerado de empresas emplea a más de 75.000 trabajadores. Bajo la Administración del presidente Enrique Peña Nieto, en 2015, Baillères recibió la medalla Belisario Domínguez, alta condecoración otorgada por el Gobierno en la sede del Senado. “Admito que el único mérito para recibirla es mi amor a México, que me ha movido siempre”, dijo el empresario cuando recibió a la prensa. Esos mismos años, cuando se aprobó la reforma constitucional que abrió el sector energético, por primera vez, en México en setenta años, Baillères fundó Petrobal, con la aspiración de convertirla en la primera gran petrolera privada de México. Se trata ahora de la misma reforma que el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, busca revertir. Dentro de Palacio de Hierro, almacén que Baillères impulsó hasta convertirlo en una de las cadenas más grandes del país, el empresario es recordado por su ingenio. En abril del año pasado, Baillères anunció que se jubilaría y que dejaría sus empresas en manos de Alejandro, uno de sus siete hijos. Llevaba años enfocándose en una de sus más grandes pasiones: los toros. Para 2015, el mexicano se habría convertido en uno de los más grandes dueños de plazas de toros en España, buscando ser el mayor empresario taurino en el mundo. Además de plazas, tiene ranchos ganaderos en España, México y Estados Unidos. En una entrevista el año pasado, Baillères habló de la vida en el rancho como si hubiera sido una aspiración que tuvo desde siempre. “Amo la naturaleza, pero dadas mis actividades comerciales principales, la vida en el rancho no ha sido mi actividad principal”, dijo al diario texano San Antonio Business Journal. Fuente: El País