María tuvo uno de esos momentos en donde un recuerdo muy lejano aparece de manera repentina y sin ninguna explicación en nuestros pensamientos. El recuerdo la llevó a primer grado de educación básica, en el receso de media mañana, conversando con su nuevo mejor amigo, Carlos, quién había ingresado a su escuela manejada por curas marianistas gracias al empuje de Remo Segalla. El “Padre Remo”, como lo conocían todos, tenía una cruzada personal por escolarizar a los niños de la zona rural de la sierra ecuatoriana. Al igual que Carlos, la infancia de María estuvo ligada al campo, su padre tenía un modesto pero próspero negocio de fertilizantes en la zona urbana de la sierra central, y a ella le encantaba acompañarlo durante las tardes para jugar a recoger el maíz que luego se convertiría en el tostado que tanto disfrutaba. Quizás por eso, fue más sencillo para ella comenzar a jugar con su nuevo amigo, quien llegó a mediados del año escolar con su tradicional poncho colorado al salón. A pesar de los retos de sus propia historia, María es hoy una empresaria exitosa de mediana edad del sector agrícola. Sentada en su terraza, se pregunta qué habrá sido de la vida de ese niño con el que compartió un breve, pero feliz momento de su infancia. América Latina y el Caribe es una de las regiones con mayor nivel de desigualdad en el mundo y Ecuador no escapa de esta realidad. A pesar de que la desigualdad podría entenderse como un poderoso mecanismo para alinear los incentivos de los individuos hacia el esfuerzo, en la región, está acompañada de una elevada persistencia en el nivel social entre padres e hijos en comparación con relación a otras regiones. La elevada desigualdad en la región tiene raíces muy profundas y se ha convertido en un fenómeno inercial, que se trasmite de generación en generación y es lo que se está empezando a conocer como la perversa “lotería de la cuna”. La falta de movilidad intergeneracional compromete el desarrollo de nuestros países, ya que no solo afecta la equidad en el acceso a los frutos del desarrollo como acceso a la educación y la sanidad, o un trabajo digno, desde el punto de vista del desarrollo individual. Va más allá y afecta a nuestras comunidades y países, pues puede alterar la estabilidad político-institucional y construir una traba para el crecimiento económico al influir sobre la confianza de los ciudadanos en la democracia y sus valores e instituciones en favor de los grupos violentos y criminales o actividades informales que pueden ayudarles a satisfacer sus necesidades más básicas. La última edición del Reporte de Economía y Desarrollo de CAF, titulado: “Desigualdades Heredadas: El rol de las habilidades, el empleo y la riqueza en las oportunidades de las nuevas generaciones”, analiza el problema de la persistencia de la desigualdad desde una óptica novedosa, con un diagnóstico multidimensional de la evolución de la movilidad intergeneracional a lo largo del último siglo. El reporte identifica que las principales barreras a la movilidad social se configuran sobre la base de las desigualdades de origen, entre las que destacan las del nivel socioeconómico familiar, las étnicas, de género y geográficas. Además, propone que los tres canales centrales en los que operan estas barreras son la formación del capital humano, el acceso a empleos de calidad y las posibilidades para la acumulación de activos. Para reducir el peso de las desigualdades heredadas, el reporte plantea un amplio abanico de políticas tendientes a asegurar el acceso a mejores oportunidades para las nuevas generaciones. “Las principales barreras a la movilidad social se configuran sobre la base de las desigualdades de origen, entre las que destacan las del nivel socioeconómico familiar, las étnicas, de género y geográficas”. Así como a María, nosotros también desconocemos lo que el futuro le deparó a su amigo de la infancia. Si bien existe la posibilidad de que el chico haya terminado graduándose de una prestigiosa universidad, lo único que sabemos es que seguramente se habrá encontrado en su camino con mayores obstáculos para lograr la movilidad ascendente que el resto de la población, una realidad que enfrentan las minorías étnicas y los residentes de las zonas rurales en nuestro país y en toda la región. Afortunadamente, la evidencia experimental que menciona el reporte indica que las personas tienden a apoyar una mayor redistribución cuando se enteran de las limitadas posibilidades de progreso de los sectores más desaventajados. Asimismo, quienes reciben información pesimista (¿o realista?) sobre la movilidad, tienden a reorientar sus preferencias hacia políticas públicas asociadas a brindar mayores oportunidades en instancias más tempranas de la vida. Para ello, desde CAF trabajamos para impulsar ejes estratégicos basados en el bienestar social con un enfoque de igualdad, inclusión y diversidad, que permitan reducir las desigualdades, fortalecer las instituciones y asegurar verdaderas oportunidades para las nuevas generaciones en la región. Algunos datos del red 2022: 85% En Ecuador el 85% de los hijos de padres con nivel educativo MEDIO-ALTO alcanzarán también ese nivel de educación. 82% Por otro lado, casi el 82% de los que solo alcanzan un nivel educativo BAJO tienen padres con ese mismo nivel educativo. 7,5% La región presenta un alto porcentaje de personas que comparten la categoría ocupacional con sus padres. La encuesta ECAF 2021 muestra que el 7,5 % de los asalariados del sector privado trabaja para un empleador para el cual trabajaron sus padres. Por _ Sergio Guerra, Economista Principal de CAF