“En D’Una buscamos ser los mejores. Nuestro lema es ‘marcando la ruta’, porque queremos ser una referencia para las aplicaciones de servicio de entrega, lo que es súper importante cuando realizamos entregas de alimentos”, expresó. Joel es una de las más de 500.000 personas refugiadas y migrantes venezolanas que encontraron en Ecuador un lugar donde pueden rehacer sus vidas. Oriundo del estado Aragua, nunca pensó que algún día tendría que abandonar su país y dejarlo todo: su hogar, sus seres queridos y sus amigos. Aún recuerda vivamente el día que salió de Venezuela. Un miércoles, junto a su esposa e hijos, emprendió un viaje de 4 días, por tierra, para llegar a Guayaquil. Mientras cuenta la historia de la noche que llegó a Tulcán, frontera norte de Ecuador, el rostro de Joel refleja el miedo y la angustia. “El frío era extremo, ya no había buses a Guayaquil y tuvimos que amanecer en la montaña. No cargábamos mucho equipaje, lo poco que teníamos lo usamos para abrigar a los niños, que son los más vulnerables”, cuenta. La tenacidad y el empuje para alcanzar sus sueños fue algo que Joel no dejó cuando salió de Venezuela. Gracias a eso y al apoyo de sus compañeros de trabajo, logró fundar D’Una, un sistema de entregas a domicilio que permite que personas venezolanas, colombianas y ecuatorianas generen ingresos para sus familias, y aporten positivamente a la comunidad que les ha acogido. En Guayaquil, Joel sobrevivió los primeros meses vendiendo helados y bebidas en los semáforos. También, trabajó para una farmacia, pero ninguna labor fue estable, ni de largo plazo. Pese a ello, fue su trabajo como repartidor, lo que le ayudó a abrir los ojos a nuevas oportunidades. “Las debilidades de unos se pueden convertirse en las fortalezas de otro”, dice Joel. Ese fue el mantra con el que nació D’Una. “El nombre se debe a que es una frase popular en Ecuador. Implica rapidez, eficiencia, además de que es fácil de pronunciar y recordar”, añade. Posteriormente, reunieron el capital y, con la ayuda de un patrocinador privado, mandaron a fabricar las mochilas. Además, crearon un plan de la publicidad para captar clientes. Los pedidos empezaron a llegar y con ellos, los ingresos de todo el grupo de compañeros. “Aunque ha habido altos y bajos, todo ha salido conforme a lo que hemos planeado. Desde que trabajamos para nosotros mismos, no solo nuestros ingresos han mejorado, sino que ahora tenemos más tiempo de ocio para compartir con nuestra familia y disfrutar de nuestros hijos”, cuenta. El servicio ha sido la clave del éxito de D’Una. Stickers, ubicación en tiempo real y una comunicación constante entre los usuarios, negocios y repartidores, les ha permitido crecer en clientes y pedidos. Hanzin El Badiche, un colega de Joel, cuenta que desde que trabaja en D’Una ha aprendido a tratar mejor a sus clientes y a llevar de mejor manera los productos en la mochila para que lleguen en buen estado y los usuarios no tengan quejas. Gracias al programa de ACNUR, Joel y algunos de sus compañeros participaron en un taller de Courier, mejorando sus destrezas y habilidades en temas como logística y atención al cliente. “Nosotros no teníamos conocimiento sobre cómo dar un buen servicio. Nos limitábamos a entregar el producto y ya. Ahora, con D’Una, nos hemos capacitado para entender la mejor forma de tratar al consumidor y poder ampliar nuestra cartera de clientes,” comenta Joel. D’una emplea actualmente a siete personas y distribuye a 20 negocios en Guayaquil, incluyendo grandes cadenas comerciales, lo que permite circular la economía local. “Experiencias exitosas como la de Joel y muchas otras personas refugiadas o migrantes en Ecuador, demuestran el potencial enorme que tienen para contribuir al desarrollo del país,” expresó Giovanni Bassu, Representante de ACNUR en Ecuador. “Iniciativas como la regularización permitirán que muchas más personas emprendedoras y creativas puedan aportar a Ecuador de manera concreta y adecuada.”, dijo. Al hablar de sus sueños, los ojos de Joel adquieren un brillo especial: crecimiento y expansión, son las dos palabras que van unidas a sus sueños. Tener un local formalizado y diversificar las entregas, son metas en las que él y sus compañeros ya están trabajando, pues no solo se dedican a la entrega de comida. También, trabajan bajo la modalidad de mensajería con compañías de cosméticos, ropa y otros productos. Adicionalmente, han implementado el servicio de encomiendas a través de operadores logísticos. “Nosotros hacemos toda la gestión. Recogemos el paquete, lo llevamos al operador, lo enviamos y nos encargamos de hacer el seguimiento, para garantizar que llegue a su destino” -cuenta Joel emocionado-. Con estos nuevos servicios, D’Una espera abrirse a un mercado mayor entre los clientes corporativos y empresariales de Guayaquil. Por_ Omar Ganchala (ACNUR ECUADOR)