Celebrada por sus diseños minimalistas que se alejan del modelo de mujer sexualizada y desafían las ideas tradiciones de lo que se considera bello o lujoso, Miuccia siempre apostó por un camino diferente. También te puede interesar: El cumplimiento de pago de las mujeres en Ecuador es del 90% Pero su extensa carrera no solo ha sido premiada con el reconocimiento de la crítica y del público. También le ha permitido amasar una inmensa fortuna, algo que no resulta tan frecuente en esta industria. Con negocios valorados en USD 6.200 millones, Miuccia Prada se encuentra actualmente entre las 500 personas más ricas del mundo. Negocio familiar Nacida en Milán en 1949 en el seno de una familia acomodada, su verdadero nombre es Maria Bianchi (Miuccia Prada como tal surgiría muchos años después). Fue criada en un edificio de cuatro pisos de principios del siglo XIX, donde aún vive en la actualidad Su padre, Luigi Bianchi, dirigía una fábrica de cortadoras de césped y su madre, Louisa, había heredado el negocio familiar, Hermanos Prada, que comercializaba accesorios de cuero y otros objetos de viaje confeccionados en Italia. Aunque era propiedad de su madre, esta tenía muy poca influencia en el negocio: por ser mujer era considerada incapaz de llevar adelante una empresa de esta magnitud. Más allá de la posición que ocupaban las mujeres a principios y mediados del siglo XX en Italia, a lo largo de los años Miuccia no demostró particular interés por la marroquinería de la familia. Sus ideas y su pasión circulaban por territorios muy lejanos al ámbito del comercio. Rebelde vestida de Yves Saint Laurent Rebelde, inteligente y activa, Miuccia militaba en el Partido Comunista, en la Unión de Mujeres Italianas. Su gran sueño era construir un mundo más justo e igualitario. Y aunque participaba en protestas y marchas, manifestándose en contra del capitalismo y en solidaridad con otras causas sociales, rara vez lo hacía vestida con jeans, como la gran mayoría de los estudiantes: aparecía en tacones altos, luciendo elegantes prendas de Ives Saint Laurent. Después de obtener un doctorado en Ciencias Políticas, su carrera dio un giro. Miuccia pasó cinco años en el Piccolo Teatro de Milán entrenando como artista de mimo. Sin embargo, sus padres -descontentos con las elecciones poco ortodoxas de la joven Miuccia- le prohibieron continuar con sus estudios y le exigieron que se sumara a la empresa de la familia. Cambios múltiples Las habilidades aprendidas en la universidad y el teatro no le servían de mucho a la hora de diseñar accesorios. Ella misma confesó que no sabía dibujar. Pero sin otra alternativa se unió a la empresa (que en ese momento era solo una tienda) y, para la década de 1970, cuando su madre se retiró, Miuccia se hizo cargo del negocio, cuyas ventas anuales en ese momento rondaban los USD 45.000. Aunque en un principio le avergonzaba trabajar en un rubro catalogado como superficial, sobre todo reconociéndose feminista, poco a poco comenzó a disfrutar de su nuevo oficio que le brindaba una gran independencia. Y el mismo año que tomó las riendas de la compañía, se encontró con un hombre en una feria comercial que cambió el rumbo de su empresa (y de su vida). Ese hombre era Patrizio Bertelli, un emprendedor de la Toscana con grandes ambiciones que dirigía una fábrica de cuero en Italia. Miuccia –que lo acusaba de hacer imitaciones baratas de sus carteras- lo encontraba arrogante, discutidor, pero... La atracción fue inmediata. Se embarcaron pronto en una relación -romántica y comercial- que continúa hoy día, a la que muchos han descrito como “volcánica”. Juntos comenzaron a hacer cambios a la marca: Patrizio la convenció de añadir zapatos a su línea de productos y de abrir una segunda tienda en Milán. Introdujeron además otra innovación que en ese momento pasó relativamente desapercibida pero que más tarde provocaría una revolución: poco convencida con los bolsos de cuero que tenían en su almacén, Miuccia descubrió un material llamado Pocono (un nylon sedoso y resistente usado en la fabricación de paracaídas) y diseñó con este unas mochilas que lanzó en 1984. Otros éxitos fueron más inmediatos, como el clásico bolso Prada que se convirtió en 1985 en un fenónmeno de ventas. De empresa familiar a corporación global La pareja se casó en 1987 tras ocho años de convivencia. En vez de tomar su apellido, Miuccia convenció a una tía soltera de que la adoptara, para hacer que su nombre coincidiera con el de su negocio, y así se convirtió oficialmente en Miuccia (su apodo familiar) Prada. Finalmente, en 1988, Miuccia se volcó a diseñar ropa, algo que, inicialmente no tenía interés en hacer. Patrizio llegó a un acuerdo con varias tiendas en Estados Unidos donde estipuló que si querían vender sus accesorios, tenían también que vender su nueva línea de ropa. Fue una decisión inteligente que les permitió tomar físicamente el espacio que de otro modo utilizarían otros diseñadores de ropa y ofrecer a la vez las mochilas de nylon, que Miuccia había empezado a regalar a los editores de moda. El plan funcionó: los editores la amaron y, para 1990, la mochila Prada de nylon se había vuelto un accesorio indispensable. Esto dio lugar a un cambio: Prada pasó de ser una pequeña empresa familiar de objetos de calidad y bien diseñados a una corporación global para un mercado más amplio. Del millón a los mil millones Un factor que acrecentó la fortuna la empresa fue la influencia de las celebrities, que acercaron marcas como Pada al público en general. Un episodio muy famoso fue la celebración de los Oscar en 1995, en la que Uma Thurman -nominada a mejor actriz de reparto por “Pulp Fiction”- apareció en la alfombra roja con un vestido de Prada. Era un modelo muy simple, minimalista, chic, en tono lavanda y poco sexy. Thurman no ganó la estatuilla, pero el vestido llegó a las primeras páginas de todos los diarios. También te puede interesar: Meryl Streep denuncia ante la ONU la situación de las mujeres afganas Miuccia y Patrizio capitalizaron este momento y la marca explotó. En los 90, Prada además lanzó una nueva marca más experimental para gente joven –Miu Miu- así como una línea de Prada para hombres y ropa deportiva. Fueron los primeros en crear ropa de diseño pero más casual. Y comenzaron a abrir sucursales de Prada en todo el mundo. Hacia finales de la década de los 90 ya existían cerca de 100 tiendas, y las ventas habían alcanzado los USD 850 millones. Fuente: BBC