Este escenario empresarial que transmite el ADN de los negocios desde la alta dirección, pasando por los equipos de trabajo, hasta la gestión de la marca, siempre ha estado presente. Los líderes son quienes contagian su mentalidad, educación, hábitos y formas de motivación -o en algunos casos de desaliento- a sus colaboradores. En el transcurso de la historia empresarial, hemos visto cuáles han sido las marcas que perduran en el tiempo, cruzan fronteras y se posicionan como insignias multinacionales. Sobre estos casos de éxito, surgen preguntas como ¿son empresas que proyectaron un liderazgo transformacional desde el inicio o, aprendieron a consolidar el desarrollo de sus negocios después de cada fracaso-aprendizaje?, ¿son marcas que se caracterizaron por la dirección de gente abierta al cambio y a la innovación?, ¿desde cuándo, estas compañías, trabajaron por un propósito social o ambiental fuera de su giro de negocio? Preguntas que elocuentemente se podrían responder estudiando modelos de cultura organizacional vanguardistas, como es el caso de Coca-Cola, DHL, Google, Spotify, Microsoft, Walmart o Disney. Estas empresas se caracterizan por cuidar de la salud mental de sus trabajadores, establecer políticas de equidad de género no discriminatorias, o cuidar del medio ambiente descarbonizando sus procesos. La buena noticia es que no se debe esperar a ser tan grandes como Amazon para empezar a preocuparse por la prosperidad del mundo. El mindset está científicamente comprobado. La teoría de la mentalidad de éxito desarrollada en 2007 por Carol Dweckque, profesora y psicológa de Stanford, afirma que las personas con mentalidad de crecimiento, logran resolver mejor los obstáculos y, por supuesto, conectan con los resultados planteados. Incluso si juntamos un trabajo coordinado con nuevas formas de sentir, pensar y negociar las pautas de éxito en el mundo empresarial, podemos conectar con las realidades que hoy exigen una respuesta a la par que nuestros ingresos crecen, se mantienen y, en el mejor de los casos, aumentan. Para hablar de la supervivencia de las marcas se debe hablar de sostenibilidad ambiental. Ya vivimos un escenario próximo a estas condiciones cuando el covid-19 se dispersó por el mundo, debido a un inadecuado manejo de protocolos de bioseguridad y por condiciones sanitarias muy precarias, producto de una escasa gestión ambiental de residuos para el lugar donde se cree que se originó el virus. Estas cifras deben impactar nuestros modelos tradicionales de gestión y hacer un llamado a la reactivación poscovid en formato verde. Es decir, modelos de vida y negocios sostenibles capaces de insertar en sus operaciones variantes ambientales y sociales. Esta es una de las grandes enseñanzas que nos deja la crisis sanitaria y que deberemos seguir cuestionando cuando analicemos nuestros estilos de producción, comercialización y consumo. La economía no puede seguir siendo lineal. Sistemas de extracción y producción con abundantes entregas de productos, dirigidos al consumo y posterior desecho que, en el mejor de los casos, se entierran. Lo correcto es pedirle a la naturaleza, consumir, reinsertar en la cadena de producción y evitar el desecho inútil. Este momento de transformación es crucial para encarar el modelo de Transición Ecológica que promulga el país, bajo una estrategia intersectorial en las distintas esferas de gobierno y sector empresarial. Recordemos que Ecuador se convirtió en el primer país de Latinoamérica en establecer como prioridad nacional al desarrollo sostenible para conducir al país a alcanzar el objetivo de ser carbono neutro al 2050. Pero, ¿cómo se va a lograr este objetivo si apenas el 14% de las empresas a escala nacional cuentan con permisos ambientales? Y gran parte de las consecuencias del cambio climático se deben a la impunidad de las industrias. Francisco Aguirre, CEO de la consultora ambiental SICMA Ecuador, indica que no habrá transición ecológica sin educación empresarial. “Concientizar sobre el manejo de los recursos naturales es un ente medular. Los tomadores de decisiones deben ganar la batalla narrativa de la sostenibilidad y ejecutar cambios culturales en la administración de sus empresas”. Aquí es donde el poder del mindset se convierte en la clave para formular un ADN innovador; las compañías que evolucionan son las que se adaptan constantemente, tratando de aprender, no solo de su propia historia, sino también de la de los demás, ya sea de sus clientes como del ecosistema en general. La flexibilidad y la capacidad de absorber nuevos conocimientos es fundamental a la hora de adoptar un mindset transformador. Si bien, hay personalidades que tienden a abrazar el cambio, la cultura interna tiene un papel principal en el proceso. La clave en este momento histórico de la sostenibilidad es que todos los actores de una empresa se apropien del cambio; sin la participación activa de las y los colaboradores de la mano con los mandos altos, los cambios no serán reales y pueden ser fácilmente revertidos. 1. Ambiente y negocios ¿dos palabras que pueden ir juntas? No importa en qué país estemos, las personas preferimos marcas con valores. Las voces de los consumidores tienen el poder de cambiar la trayectoria financiera de las empresas, gracias a los avances tecnológicos (redes sociales) que proliferan la opinión individual a decisiones de compra basadas en algo mucho más importante que la calidad o el precio. De acuerdo con un estudio realizado por la consultora española Accenture, el 62% de los compradores en todo el mundo quieren que las empresas tomen posición sobre temas ambientales relacionados a su razón social, no sobre actividades extracurriculares que les hagan salir de su propuesta en el mercado, como campañas de reforestación o reciclaje, cuando en su quehacer diario ensucian el agua o contaminan el aire. La reputación de una marca depende entonces de la ética de sus procedimientos y el cumplimiento de sus obligaciones. ➤ Conoce más en nuestro libro digital empresas con triple impacto Por: María Elisa Campos, Gerente de Asuntos Corporativos de SICMA