Un nuevo estudio publicado en Science confirma que estas sequías plurianuales no solo están aumentando en intensidad, sino que cada año abarcan áreas más extensas. Las sequías prolongadas están detrás de fenómenos devastadores como los incendios forestales en California y las restricciones de agua en Chile, donde la crisis hídrica comenzó en 2010 y aún persiste. Francesca Pellicciotti, coautora del estudio y profesora del Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria, describe los efectos en Chile como "desastrosos para los ecosistemas y la agricultura", con impactos que han alcanzado incluso a la minería y la industria tecnológica. También te puede interesar: El 74% de Latinoamérica en riesgo por clima extremo y pobreza alimentaria Una crisis global sin precedentes Analizando datos de precipitaciones y vegetación de los últimos 40 años, los investigadores descubrieron que las megasequías han afectado a todas las regiones del mundo excepto la Antártida. Entre las zonas más afectadas destacan: Mongolia El sureste de Australia El oeste de EE.UU. La cuenca oriental del Congo, donde se registró la sequía más prolongada del estudio, con una duración de 10 años y una extensión de casi 1,5 millones de km² (dos veces el tamaño de Texas). El impacto económico y humano Las megasequías no sólo secan ríos y cultivos, sino que obligan a millones de personas a emigrar. Según datos del Banco Mundial, la sequía desplaza a cinco veces más personas que las inundaciones y provoca una reducción del 0,5% del PIB en países de ingresos bajos y medios. También te puede interesar: Encuesta clima de negocios y gestión gubernamental 2024 “La superficie afectada por sequías prolongadas crece cada año al ritmo del tamaño de Suiza”, advierte Liangzhi Chen, autor principal del estudio e investigador del Instituto Federal Suizo (WSL). Con el calentamiento global en aumento, el problema solo se agravará. Si no se toman medidas urgentes para gestionar los recursos hídricos y reducir las emisiones de carbono, las megasequías podrían convertirse en la nueva normalidad. Fuente: Bloomberg Línea