Sus Chicken McNuggets arrasaban en ventas y las franquicias en todo el mundo reportaban ganancias récord. Era el momento ideal para lanzar algo nuevo. Así, Ray Kroc, el legendario líder detrás de la expansión global de la marca, acudió al chef René Arend , el genio creador de los McNuggets para pedirle un producto innovador con carne de cerdo. El resultado fue el McRib, un sándwich hecho de carne reestructurada: es decir, partes desechadas de otros animales trituradas, procesadas y moldeadas para que parecieran costillas de cerdo (la misma técnica detrás de los Nuggets). El McRib debutó a lo grande en 1982, llegando a todos los McDonald’s. Sin embargo, para sorpresa de todos, fue un fracaso total: incluso regalando muestras, el producto no lograba conquistar a los clientes. En apenas un año, en 1983, fue retirado de los menús. McDonald’s no se dio por vencido. Aquí es donde entra una de las jugadas más brillantes de marketing de la historia: la cadena se preguntó, ¿y si no lo eliminamos por completo, sino que lo ofrecemos solo por tiempo limitado y en ciertos lugares?También te puede interesar: Selena Gómez se une a Oreo para lanzar una galleta con sabor a horchata La magia de la escasez hizo lo suyo. De pronto, el mismo McRib que la gente antes rechazaba, comenzó a generar furor. Las ventas se disparaban cada vez que aparecía, y los fanáticos se organizaban para rastrear en qué McDonald’s estaba disponible. Tanto fue el impacto, que en 2008 surgió una web dedicada exclusivamente a identificar los puntos de venta activos del McRib. El resultado fue sorprendente: solo en 2007, McDonald’s vendió 30 millones de dólares en McRibs. Lo que nació como un “McFlop” (McFracaso) se convirtió en uno de los productos más exitosos de la cadena, no por su sabor ni su calidad, sino por la estrategia perfecta detrás.