Los datos se han registrado en el observatorio que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) tiene en Izaña (Tenerife), que ha corroborado en un informe que la crisis desencadenada por el Covid-19 no ha frenado el incremento de este gas de efecto invernadero en la atmósfera y que su concentración continúe en aumento y sin cambios respecto a la tendencia registrada hasta 2020. Los datos ponen de relieve que el pasado mes de mayo se registró un nuevo máximo mensual histórico de concentración de CO2 con 419.7 partes por millón (ppm), un valor similar a los 419.1 ppm que se registraron en el observatorio de Mauna Loa, en Hawái. ➤ Ver también: Las 10 empresas petroleras que emiten más CO2 al planeta Los datos son aún provisionales, pero los valores definitivos no diferirán mucho, según el informe que ha elaborado el director del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña de la Aemet, Emilio Cuevas-Agulló, quien ha observado que el máximo anual de CO2 se registra siempre en primavera, a finales del mes de abril o principios de mayo. Efectos de la pandemia Algunos estudios recientes han estimado una reducción en torno al 7% de las emisiones de CO2 a nivel global debido a la menor utilización de combustibles fósiles en 2020, en comparación con 2019. Antes de la actual pandemia ya se habían registrado otras reducciones en las emisiones anuales de dióxido de carbono, como la ocasionada por la crisis económica mundial de 2008, con una disminución porcentual similar a la causada por la crisis actual, según el informe. En general, los años en los que el crecimiento económico se ha visto frenado por alguna crisis económica, se observa una ralentización en el ritmo de emisiones de CO2 a la atmósfera, pero la concentración promedio anual de dióxido de carbono medida en la atmósfera ha seguido aumentando sin verse afectada por estas variaciones anuales. Para explicar por qué las disminuciones puntuales de las emisiones anuales de dióxido de carbono no han conseguido frenar la tendencia creciente de la concentración de este gas, Emilio Cuevas ha detallado que esas concentraciones no dependen de las emisiones anuales, sino del total de emisiones que se han ido acumulando en la atmósfera hasta ese momento, debido a la larga vida del CO2 en la atmósfera -más de cien años-. El informe constata que una reducción puntual de las emisiones anuales no tiene un efecto directo sobre el promedio anual de concentraciones de dióxido de carbono. Fuente: La Vanguardia