Poco más de dos décadas atrás, la visión de apostar por la conservación de especies y ecosistemas, además de dar conocer la diversidad ecológica, llevó a Roque Sevilla a adquirir 1200 hectáreas en el bosque nublado de la región del Chocó. En principio, el objetivo pasaba por cuidar este ecosistema por su extensa y rica biodiversidad. Sin embargo, la exuberante belleza nativa, tanto de flora y fauna, hizo que el exalcalde de Quito cuide esta reserva privada por casi una década; hasta que en 2009 tomó la decisión de que más personas se enamoren de este espacio. ¿Cómo lograrlo? Podría parecer simple, armar tours, caminatas o visitas bajo una reserva previa. Sin embargo, Sevilla vio la oportunidad de mezclar el confort, la experiencia en la vida silvestre y la innovación constructiva con la construcción de un hotel que reciba a miles de visitantes anualmente. Así nació Mashpi Lodge. Un diseño que se fusiona con el ambiente Desde un principio la idea fue clara: ser amigable con el medio ambiente. Por eso, antes de empezar la construcción del hotel, se eligió un área deforestada por una concesión maderera que se ubicó en el antiguo aserradero del lugar. Ya en ese momento, se estableció la intención de no talar ni un solo árbol en el proceso de construcción, por lo que se apostó por usar estructuras premontadas de acero y madera traídas directamente desde Quito y así evitar daños en el medio ambiente. La simbiosis entre la estructura y la naturaleza jugó un papel fundamental desde el primer momento porque lograr una conexión entre los visitantes y el espacio iba a ser el distintivo de este hotel, según le comentó a CNN el arquitecto líder de Mashpi Lodge, Alfredo Ribadeneira. “El tiempo para hacer todos los cimientos fue muy largo”, detalla el responsable de obra. “En otro sitio, simplemente cavas profundo y colocas los cimientos. Y eso es todo”. Sin embargo, Mashpi fue diferente y fue por eso que Ribadeneira y su equipo tomaron todas las providencias para no molestar al bosque. Por ejemplo, la empresa maderera había dejado una plataforma donde almacenaba la maquinaria. Ribadeneira decidió ubicar el hotel allí: no sólo tenía amplias vistas, sino que tampoco requería la tala de árboles, ya que la vegetación del sitio ya había sido removida.