La tendencia natural de crecimiento de la ciudad ha sido longitudinal, en dirección norte y sur de la meseta alta (2 850 msnm), partiendo de una única centralidad: el Centro Histórico. A lo largo de este siglo se han experimentado nuevas formas de expansión, prioritariamente horizontal y con baja densidad, hacia los valles colindantes de Cumbayá, Tumbaco, Los Chillos, Calderón, Pomasqui, Puembo y Tababela, principalmente. Estas expansiones hacia los valles, han sido una respuesta al precipitado crecimiento poblacional y migratorio que han acelerado de manera imprevista las tendencias en los instrumentos de planificación, y que generaron importantes cambios en el funcionamiento de la ciudad. Esto se manifiesta en sus dinámicas sociales, económicas y ambientales, alterando la forma distributiva del aprovechamiento del suelo, llamado a solventar las demandas sociales respecto a la accesibilidad, conectividad, abastecimiento y acceso a servicios para una vida urbana plena. Este fenómeno, en principio benéfico para los intereses de la inversión inmobiliaria, no soluciona los problemas que plantea el objeto protagonista: la vivienda, puesto que, la ubicación privilegiada de los proyectos pioneros en áreas donde existe concentración de servicios e infraestructuras, encarece los productos inmobiliarios. Este hecho se ha repetido cíclicamente a lo largo de la historia mediante crecimientos importantes de la mancha urbana a partir de la década de 1970, lo que obligó a los entes públicos, de nivel nacional y local, a extender las infraestructuras y servicios para conectar y articular el suelo habilitado de manera improvisada. Un antes y un después En el territorio del Distrito Metropolitano de Quito, a comienzos de siglo, la población urbana que se asentaba en la meseta principal representaba un 72%, mientras que el restante 28% se ubicaba en los valles colindantes. Sin embargo, el cambio actual ha sido notorio, a tal punto que dentro de las parroquias que corresponden a estos valles - Tumbaco, Cumbaya, Valle de los Chillos y Pomasqui- , se registra un crecimiento anual del 4,83%, en contraste con el 1,5% registrado en la meseta principal. Esto pone en evidencia el proceso de un paulatino abandono de la edificación existente, en favor de una nueva demanda de zonas residenciales con una mayor exclusividad, seguridad y entornos naturales no tan edificados. Factores condicionantes y potenciales para un nuevo paradigma La ciudad, en respuesta a la necesidad de crecimiento, ha llegado a su condición actual alcanzando, por la problemática expuesta, un extraño punto de equilibrio. Pero en el futuro resultaría insostenible insistir en la fórmula de crecimiento horizontal, forzado a hacer su mejor esfuerzo por habilitar suelo -pese a las complicaciones topográficas y geológicas- y a resolver, mediante largas distancias y lentos recorridos, las necesidades de transportar ciudadanos y bienes entre núcleos urbanos distantes y dispersos. Si las consecuencias se enfocasen hacia aspectos funcionales, la expansión dificulta la integración racional del territorio; si lo hicieran hacia aspectos morfológicos, la discontinuidad provoca vacíos urbanos que evidencian desperdicio de recursos existentes y si lo hicieran hacia aspectos sociales, la segregación que tradicionalmente ha creado fronteras continuaría obstruyendo la oportunidad histórica de reconciliar a la sociedad mediante una ocupación equitativa y equilibrada del territorio La creatividad ante este tipo de escenarios complejos, puede aflorar desde algún frente para exhortar a los demás a crear una inercia alternativa y contraria. Quizás, por su naturaleza ingeniosa más cercana al riesgo que a la certeza, la empresa privada podría dar los primeros pasos, secundada de la academia, por ahora distante y crítica de la realidad, para propiciar un debate serio sobre la problemática y los retos del desarrollo urbano. Cabe destacar que el crecimiento poblacional de Quito se mantendrá en un leve pero paulatino crecimiento. Mientras que en 2018, la capital se convirtió en la ciudad más poblada en Ecuador, hoy suma un total de 2’679.722 habitantes, esto como reflejo del constante crecimiento migratorio que ha hecho que más zonas de la ciudad sean pobladas a nivel de vivienda y ahora, también, a nivel comercial. No obstante, en este análisis es importante mantener un ojo a la salida del Aeropuerto Mariscal Sucre del centro de la ciudad. Su ida hacia Tababela no solo creó una expansión horizontal, sino que promovió la construcción vertical. Crecimiento poblacional de quito entre 1987 y 2040 En la gráfica se puede observar la evolución del crecimiento poblacional de Quito desde 1997 hasta la proyección en 2040. Se concluye que el crecimiento poblacional, a medida que transcurren los años, va a continuar elevándose hasta alcanzar los 3.439.166 millones de habitantes.Por: Hernán Orbea; Arquitecto, Docente PUCE.Fuente: Camicon