Dentro de este escenario, la participación femenina es determinante. Se estima que más de 2 millones de mujeres rurales se dedican a la agricultura y ganadería, lo que representa más del 40% de la mano de obra agrícola en el país, de acuerdo con información del Ministerio del Trabajo. Además, las mujeres constituyen el 50,6% de la población rural en Ecuador, y el 71% participa principalmente en actividades productivas vinculadas al campo, según datos del Ministerio de Agricultura y Ganadería basados en el INEC. Un rol cada vez más visible en el campo Aunque históricamente su aporte ha sido menos reconocido, en los últimos años el papel de las mujeres en el agro ha evolucionado. Actualmente no solo participan en labores productivas, sino que también lideran procesos clave dentro de las cadenas agrícolas. Su presencia se ha ampliado en áreas como la administración de fincas, la organización de asociaciones productivas, la comercialización de productos y la adopción de nuevas tecnologías en el campo. Este cambio refleja una mayor participación en la toma de decisiones y en la gestión productiva, lo que contribuye a dinamizar el desarrollo rural. Te puede interesar: Plantaciones de Cotopaxi capturan 225 mil toneladas de CO2e anuales A pesar de estos avances, aún existen brechas importantes. El acceso limitado a tierra, financiamiento, capacitación técnica y herramientas tecnológicas continúa siendo un reto para muchas mujeres rurales, lo que condiciona su capacidad de crecimiento y autonomía económica. Estas barreras forman parte de los desafíos estructurales del sector agrícola, especialmente en contextos rurales donde las condiciones de acceso a recursos son más restringidas. Innovación y sostenibilidad como ejes del futuro El agro enfrenta además desafíos globales, como el cambio climático y la creciente demanda de alimentos. Se estima que la producción agrícola deberá incrementarse cerca de un 60% hacia 2050 para abastecer a la población mundial. En este contexto, la adopción de tecnología, el acceso a conocimiento técnico y la implementación de prácticas sostenibles son factores clave para mejorar la productividad y la resiliencia del sector. Empresas como BASF, a través de su división de soluciones agrícolas, trabajan junto a productores y organizaciones del sector en el desarrollo de herramientas orientadas a optimizar cultivos y promover prácticas sostenibles. Estas iniciativas incluyen programas de capacitación, transferencia de conocimiento y acompañamiento técnico en cultivos estratégicos como banano, arroz, maíz, papa, tomate y otros productos agrícolas. Fuente: BASF Soluciones para la Agricultura