Comienzan por la medición de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), para identificar e implementar estrategias de reducción y/o descarbonización de sus operaciones. Continúan con la identificación de los riesgos climáticos, que van más allá de las emisiones y pueden condicionar la operación y los resultados, tanto por la incidencia de los fenómenos meteorológicos, como el desarrollo de regulaciones, limitaciones tecnológicas y otros factores. Ya lo han venido exponiendo las calificadoras de riesgos y los gestores de activos, con una posición especialmente destacada de Larry Fink desde BlackRock, la reasignación de capital basada en el riesgo climático; posiciones algo más moderadas hoy por la polarización política en EE.UU. Producto de esta inquietud se ha dado el crecimiento en la gestión y reporting de las empresas, utilizando las recomendaciones del Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD), creado en 2015 por el Comité de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés) a solicitud de los líderes del G20; que ya utilizan más de 4.000 compañías globalmente y está presente en regulaciones en América, caso de Colombia y Chile. Hoy, la importancia de esta información para el mercado financiero se acentúa con el lanzamiento de la norma IFRS NIIF S2 del International Sustainability Standards Board (ISSB) de la IFRS Foundation, que llevará a la presentación conjunta de los estados financieros (preparados con las NIIF contables) junto con la información de la gestión de los riesgos y oportunidades asociados a cambio climático, que pueden ser financieramente significativos (materiales). También te puede interesar: Top 10 de mujeres que están liderando el cambio en Latinoamérica Pero los riesgos para las empresas son aún más amplios, están conectados con la naturaleza en su conjunto. El mercado financiero empieza también a solicitar se trabaje y se informe al respecto, y la iniciativa del Task Force for Nature-related Financial Disclosures, surge para ello en 2021 y está pendiente de la publicación de la versión final de su marco. El objetivo global es movilizar un cambio en los flujos financieros globales, de resultados negativos de la naturaleza y hacia resultados positivos de ésta. Las interacciones de las compañías con la naturaleza a través de sus operaciones se traducen en dependencias e impactos, que pueden afectar a los resultados financieros, a los ingresos, el flujo de efectivo, el valor de los activos y el acceso a financiamiento. Al igual que ocurría con TCFD, en TNDF se propone una nomenclatura de riesgos, que en este caso suma a los físicos y de transición, los llamados sistémicos (como el colapso de los ecosistemas), considerando períodos de tiempo de de corto, medio y largo plazo. Ambos marcos comparten una estructura común, que requiere se aborde para los diferentes riesgos y oportunidades: gobernanza, cómo se integran en la estrategia de la compañía (incluyendo en la planificación financiera), cómo se identificaron, priorizaron y gestionaron, y la presentación de las métricas (indicadores) y objetivos que se utilizan. Desde el TNFD, posterior en su lanzamiento, ya se señala la importancia de la utilización conjunta y el desarrollo de reportes que presenten información integrada sobre clima y naturaleza. Por: Pablo del Arco, Director América de Valora Consultores