La aprobación de la Ley de Ciberseguridad marca una nueva etapa para Ecuador, pero el verdadero reto está en su implementación. Las empresas ya no solo deben proteger sistemas: deben garantizar continuidad operativa, reputación y confianza. El país enfrenta un punto de inflexión: pasar de una gestión reactiva a una estrategia preventiva. José Luis Barzallo, Presidente del Directorio de la CITEC, advierte que la madurez en ciberseguridad todavía es desigual. Sectores como banca, telecomunicaciones y tecnología han avanzado con mayor rapidez, pero muchas organizaciones aún la gestionan como un asunto técnico y no como un riesgo estratégico. “La ciberseguridad ya no es opcional: es una condición para operar en la economía digital”. Las amenazas más frecuentes combinan sofisticación con fallas básicas. Phishing, robo de credenciales, ransomware, fraude digital y ataques a proveedores suelen encontrar puertas de entrada en contraseñas débiles, sistemas desactualizados o falta de capacitación. “El ciberdelito muchas veces empieza casa adentro”. Tras la aprobación de la ley, Barzallo sostiene que el reto es llevarla a la práctica con institucionalidad, coordinación y estándares mínimos de seguridad. Para Barzallo, la norma debe aplicarse con enfoque de riesgo, considerando que no todas las empresas enfrentan el mismo nivel de exposición. “La ley será útil si fortalece capacidades reales, no si se vuelve solo sancionatoria”. También te puede interesar: La inclusión financiera se construye desde la tecnología y la cercanía al usuario El nuevo marco legal también puede elevar la confianza empresarial. Al definir mejores referencias sobre qué proteger y cómo actuar frente a incidentes, la ciberseguridad se conecta con cumplimiento, protección de datos, gobierno corporativo y continuidad del negocio. “Proteger información y operaciones también protege la reputación”, agrega Barzallo. En el plano operativo, las empresas necesitan partir por lo básico: inventario de activos, control de accesos, autenticación multifactor, respaldos seguros, monitoreo y planes de respuesta. Pero la tecnología no basta si el personal no está preparado para identificar riesgos. “La capacitación es esencial porque muchos ataques ingresan por ingeniería social”. Barzallo concluye que la inteligencia artificial, la analítica y los centros de monitoreo serán claves para detectar anomalías, priorizar alertas y responder con mayor velocidad. Sin embargo, esas mismas herramientas también pueden ser utilizadas por atacantes para hacer fraudes más creíbles. “La tecnología no reemplaza la estrategia”. “La Ley de Ciberseguridad debe fortalecer capacidades reales de prevención, detección, respuesta y recuperación”.