La deportista ecuatoriana reflexiona sobre su concepto de Bienestar a través de la búsqueda de su propósito: inspirar a los demás. Nos cuenta cómo dejó la fama y su carrera de presentadora de TV para dedicarse a lo que más ama: el deporte. Hay personas -muchas- a quienes el deporte les ha cambiado la vida. María Teresa Guerrero es una de ellas. Esta afirmación la hace por teléfono desde Houston, Texas, durante la entrevista para Ekos Bienestar. Unos minutos antes, había nadado 2.000 metros como parte de la preparación para su próximo Ironman, en la ciudad de Cozumel, México. Muy activos y llenos de agradecimiento: así son los días de “la flaca” (apodo que cariñosamente le ha dado el público ecuatoriano) en su actual país de residencia, EE.UU. Es que para la disciplina del triatlón se requiere practicar natación, ciclismo y carrera; pero sobre todo mucha disciplina y amor al deporte. María Teresa cuenta con todas estas cualidades, lo que le ha convertido en una apasionada por los retos: a sus 46 años, ha logrado 54 Ironman de 70,3 y en diciembre va por su noveno mundial. Está consciente que es una persona competitiva, pero en este punto de su vida ha entendido que en el deporte y en la vida a veces se pierde y a veces se gana. Para ella lo importante es disfrutar de lo que hace. Sin embargo para construir el presente en el que hoy vive, tuvo que pasar por otras experiencias: fue presentadora de televisión, pero afirma que no encontró la paz que hoy tiene. Pero fue un evento aún más fuerte lo que le acercó al deporte: un accidente de tránsito, el cual le cambió la perspectiva y le impulsó a hacer lo que ama, que le hace feliz y que además contribuye a su salud mental y física, porque como ella lo dice: “Sin salud, no hay nada”. Pero sobre todo, estas experiencias le ayudaron a encontrar su propósito: inspirar a los demás. ¿Qué significa para ti la palabra bienestar? “Es estar bien con uno mismo, sentirse en paz y feliz con las cosas que logras. Estar bien siempre es imposible, hay momentos buenos y malos, pero podemos hacer el esfuerzo para poder encontrar esa zona vitamina que necesitamos los humanos para estar bien. En mi caso, es el deporte”. ¿Cómo encontraste esa “zona vitamina”? Trabajé 16 años de mi vida en televisión, que sí bien me dieron momentos de alegría, no me daban esa plenitud que tanto estaba buscando con la fama y el dinero que ganaba. Todo eso era llamativo, pero no me llenaba. Llegué al bienestar en el momento que tuve un accidente. Me di cuenta que me podía morir mañana y que si la vida me estaba dando una oportunidad para estar en este planeta, iba a realmente hacer lo que me hace feliz. Fue ahí que recordé que siempre quise ser deportista, pero lo dejé por la fama, los contratos, pero no sentí que le estaba dando nada al universo trabajando ahí. Fue así que me inscribí en mi primer Ironman y dije, esto es lo que quiero hacer. Así que tomé la decisión, que no fue fácil, de renunciar y dedicarme al deporte por completo. Y ahora no puedo negar que soy una mujer plena, me encanta lo que hago. Siento que soy un ejemplo para las personas. Mucha gente en Ecuador hace deporte y sigue mi ejemplo, porque me ven como una deportista real, no una deportista que se toma fotos solamente para vender productos, porque realmente esta es mi pasión, es mi estilo de vida. ¿Cómo has trabajado tu salud mental para cumplir tu sueño de dedicarte al deporte? La salud mental es importantísima, no solo en el deporte, sino en todos los ámbitos de la vida. En mi caso, sentía que mi salud mental no estaba bien cuando estaba en televisión, en cambio el deporte me ayudó completamente en esta área. Y buscar ayuda no tiene nada de malo. En mis niveles deportivos, no soy una atleta olímpica que tiene esa presión tan grande de tener que cumplir o tener que llevar una medalla a un país. Pero al nivel en el que compito, también tengo cierto tipo de presión. Por ejemplo, cuando fui al Ironman de Manta, la gente iba con el propósito de “tratar de ganarle a la flaca”. Eso representaba más un reto para mi. En mi caso, sí, me gusta ganar, y competir; pero a estas alturas de mi vida, ya aprendí que si pierdo, no pasa nada. Antes sí dejaba que me afecte y caía en depresión. Si tenía una carrera y había entrenado y mi cuerpo no colaboraba, o me ganaba alguien mejor, me frustraba. Ahora, con el tiempo y la edad, que me han hecho madurar, he descubierto que si uno pierde, está bien, no pasa nada. Siempre vendrá una revancha, siempre puedes manejar el ego. Para mí el agradecimiento es la clave para la salud mental. Al menos eso funciona para mi, porque creo que todos los seres humanos somos distintos y manejamos nuestra salud mental de diferentes formas. También te puede interesar: ¿Ciudad o montaña?, una guía para pedalear por Quito y sus alrededores ¿Qué le hace el deporte a tu cuerpo? En mi caso, no hago deporte ni por verme bonita ni por verme flaca o porque está de moda. Yo lo hago porque es mi pasión, porque me gusta y me hace sentir viva, porque hace recordar a mi cuerpo de que todo funciona bien, porque me gusta competir (no te voy a mentir, me encanta la competencia), porque me gusta cumplir las metas que me pongo a corto plazo. El deporte me llena de estos éxitos pequeños que se van cumpliendo a corto plazo y es bonito. Lo que el deporte le hace a mi cuerpo, es darle salud, que es lo más importante, porque sin salud no tenemos nada. Pero más allá, lo hago porque me apasiona y es mi estilo de vida. Me recuerda todos los días lo viva y lo sana que estoy. Hace poco, regalaste una Guía de Bienestar a tus seguidores de Instagram; un documento que lo creaste desde tu experiencia. ¿Cómo nació la idea y cuál fue el resultado? El resultado fue un éxito. No me lo imaginé. Con Andrea Jiménez, una amiga española, decidimos crearla como agradecimiento a la gente que siempre estaba pendiente de mí y como una prueba para ver la reacción hacia mis contenidos. Y se la regalamos, no les cobramos nada. Cuando me di cuenta, 13.000 personas se descargaron la guía. Ahí me di cuenta que sí, las personas quieren empezar una vida saludable. Di mi conocimiento y experiencia y Andrea me ayudó a armarla en guión. Había personas que me llamaban llorando, y me decía que usaban la guía como cuaderno en la casa. Fue bonito recibir ese feedback. Por: Cristina Guevara Fotos: Andrés Franco