De acuerdo con McKinsey & Company, a nivel global el 73 % de los consumidores prioriza el precio por encima del origen del producto. En el caso de Estados Unidos, el efecto es aún más claro: solo el 40 % de los consumidores estaría dispuesto a pagar más por artículos fabricados en su propio país, según el estudio Made in America 2025 de Morning Consult. También puedes leer: Con 23.000 kilogramos, la mandarina ecuatoriana tipo Tango inicia exportaciones a EE.UU. La tendencia refleja una transformación profunda en la conducta del consumidor estadounidense. Según el informe, más de la mitad de los encuestados ha reducido el consumo de productos premium o nacionales en busca de alternativas más accesibles. Incluso entre los compradores que aún prefieren lo local, el 70 % no estaría dispuesto a pagar más de un 10 % extra, lo que limita significativamente las posibilidades de apalancar el origen como ventaja competitiva. Las marcas que históricamente han construido su propuesta de valor en torno al “fabricado en EE. UU.” enfrentan un nuevo reto: cómo seguir siendo relevantes en un mercado que hoy valora más el precio, la funcionalidad y la experiencia digital que el orgullo de bandera. Un dato clave proviene de Pew Research Center: solo el 34 % de los menores de 35 años considera el país de origen como un factor decisivo al momento de comprar. Aunque estas generaciones muestran interés por el consumo responsable, también son más críticas y menos emocionales frente al discurso patriótico. La macroencuesta de Statista Consumer Insights aporta más contexto: en EE. UU., apenas el 11 % prioriza productos nacionales al comprar alimentos, frente al 49 % en Austria, uno de los países líderes en consumo local. Esta cifra coloca a Estados Unidos entre los mercados con menor interés por lo hecho en casa. También te puede interesar: Alianza estratégica: Uber y Lucid Motors firman acuerdo por USD 300 millones para desarrollar vehículos autónomos eléctricos Esto no significa que el sello “Made in USA” haya perdido toda relevancia. Aún conserva valor como parte de una narrativa más amplia que incluya sostenibilidad, trazabilidad, condiciones laborales éticas o innovación. Pero ya no basta con imprimir la etiqueta: hoy es solo un componente más en el conjunto de valores que el consumidor evalúa. Además, en un entorno globalizado, el comercio local sigue siendo una palanca importante para la economía comunitaria. Impulsa el empleo, reduce la dependencia de cadenas extranjeras y preserva la diversidad cultural. Sin embargo, el desafío para las marcas es conectar estos beneficios con el estilo de vida y las prioridades actuales de los consumidores.