Las autoridades cibernéticas de Reino Unido también respaldan los pedidos de la Casa Blanca de "mayores precauciones de seguridad cibernética", aunque no han aportado ninguna evidencia de que Rusia esté planeando un ataque de ese tipo. Rusia declaró anteriormente que tales acusaciones son "rusofóbicas". Sin embargo, Rusia es una superpotencia cibernética con un arsenal importante de herramientas cibernéticas y piratas informáticos capaces de ataques disruptivos y potencialmente destructivos. Ucrania relativamente no se ha visto perturbada por las ofensivas cibernéticas rusas, pero los expertos ahora temen que Rusia pueda emprender uno de estos ataques contra los aliados de Ucrania. Estos son los ataques que más temen los expertos. BlackEnergy: ataque dirigido a infraestructuras cruciales Ucrania se describe a menudo como el patio de recreo de la piratería informática de Rusia, donde realiza ataques aparentemente para probar técnicas y herramientas. También te puede interesar: ¿Qué marcas líderes suspenden sus actividades en Rusia y cuántos empleados se verán afectados? En 2015, la red eléctrica de Ucrania se vio afectada por un ciberataque llamado BlackEnergy, que provocó un apagón a corto plazo para 80 mil clientes de una empresa de servicios públicos en el oeste de Ucrania. NotPetya: destrucción incontrolable Las autoridades de EE. UU., el Reino Unido y la Unión Europea han culpado a un grupo de piratas informáticos militares rusos por NotPetya, considerado el ataque cibernético más costoso de la historia. El software disruptivo se ocultó en las actualizaciones del popular software de contabilidad utilizado en Ucrania, pero se extendió por todo el mundo, interrumpiendo los sistemas informáticos de miles de empresas y causando daños estimados en USD 10 mil millones. Colonial Pipeline: los ataques cibercriminales se intensifican El Colonial Pipeline transporta el 45% del suministro de gasolina y diésel de la costa este de EE.UU. y el ataque desencadenó el pánico en las gasolineras. La empresa del gasoducto admitió haberles pagado a los criminales USD 4,4 millones en bitcoin, difíciles de rastrear, a cambio de volver a poner en funcionamiento los sistemas informáticos.