Sin embargo, la venta de drogas y otras actividades ilícitas amenazan con socavar cualquier presión por parte de la Administración Biden y el resto de aliados occidentales. El floreciente poder financiero de los talibanes podría hacer que estos sean inmunes a la presión de la comunidad internacional mientras negocian su nuevo papel en el Afganistán. Comercio ilícito Según un informe encargado por la OTAN, el grupo militante se ha beneficiado del comercio ilícito de drogas, la minería ilegal y las exportaciones, llegando a ingresar hasta USD 1.600 millones en su último ejercicio fiscal (finalizado en marzo de 2020). En 2018, la ONU ya avisó que los opiáceos del país suponen entre el 6 y el 11% del PIB del país y superaron con creces el valor de las exportaciones lícitas de bienes y servicios del país registradas oficialmente. Un desglose de los ingresos muestra que el grupo obtuvo durante el último ejercicio económico unos USD 464 millones de la minería, USD 416 millones del narcotráfico, USD 240 millones de países extranjeros y particulares, otros USD 240 millones gracias a sus exportaciones, USD 160 millones en impuestos y USD 80 millones en bienes inmuebles. Los ingresos declarados por los talibanes coinciden con las cifras facilitadas por el Comité de Sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que proyecta que los ingresos del grupo "oscilan entre USD 300 millones y más de USD 1.600 millones al año". ➤ Ver también: 8 datos sobre la economía de Afganistán La clave del aumento de los ingresos han sido los beneficios de la minería, que han pasado de 35 millones de dólares en 2016 a 464 millones en 2020, con China y Emiratos Árabes Unidos posicionándose como los mayores compradores de las materias primas. Pero el comercio ilícito de opio también sigue siendo una importante fuente de ingresos. Alrededor del 90% de la heroína del mundo procede del valle del río Helmand, un bastión talibán en el sur de Afganistán. La creciente destreza monetaria de los talibanes ha sido supervisada por Mullah Mohammad Yaqoob, el nuevo y ambicioso jefe militar que se ha hecho cargo de la financiación del grupo. Yaqoob, hijo del difunto líder espiritual de los talibanes, el Mullah Mohammad Omar, es también considerado como el artífice de la impresionante campaña que ha llevado al grupo de nuevo al poder. Washington ha congelado ya miles de millones de dólares en activos del gobierno afgano y ha frenado los envíos de efectivo al país. Paralelamente, el Fondo Monetario Internacional anunció a última hora del miércoles que el nuevo gobierno de Afganistán no podrá tener acceso a los activos de reserva y a otros recursos a partir de la próxima semana. El FMI asume que "falta claridad" en la comunidad internacional en relación al reconocimiento de la futura Administración afgana. "Como siempre, el FMI se guía por las opiniones de la comunidad internacional", dijo la institución en un comunicado. Al igual que otros países, Afganistán iba a recibir el lunes USD 455 millones en derechos especiales de giro, canjeables por efectivo. Como ya le ocurriese a Venezuela o Birmania, Afganistán recibirá los activos, pero en realidad no podrá controlarlos ni cambiarlos por divisa alguna. Los funcionarios estadounidenses han centrado sus esfuerzos en el Banco Mundial y el FMI. Mientras la mayoría de los miembros de estas instituciones financieras internacionales no reconozcan oficialmente a los talibanes como gobierno legítimo, no podrán acceder a los fondos. Más de la mitad del presupuesto anual de USD 5.000 millones del país se sufraga con ayuda exterior. Tanto afganos como extranjeros continuaban batallando el jueves para atravesar los controles talibanes y las multitudes para llegar al aeropuerto de Kabul, un día después de que el presidente de EEUU, Joe Biden, confirmase que las tropas estadounidenses se quedarían el tiempo necesario para evacuar a los estadounidenses. Los líderes políticos afganos han informado en las últimas horas de varias reuniones para tratar de dilucidar el futuro del país tras la toma de Kabul por parte de los talibán, un grupo al que han reclamado que adopte medidas en favor de la inclusividad, la seguridad o la justicia social. El expresidente Hamid Karzai y el principal negociador de la fallida paz con los talibán, Abdulá Abdulá, han tomado las riendas tras la huida de Ashraf Ghani, que reapareció desde Emiratos Árabes Unidos para asegurar que renunció a seguir en la Presidencia y optó por el exilio para evitar un derramamiento de sangre. Ghani tachó de "completamente infundadas" las afirmaciones del embajador de Afganistán en Tayikistán, Mohammad Zahir Aghbar, quien acusó al expresidente de marcharse "cargado de dinero" con cerca de USD 169 millones en efectivo. Fuente: El Economista