Su existencia es tan antigua como la Tierra y, pese a su singularidad, está distribuido a lo largo de todo el planeta. Se lo encuentra en los océanos y en el núcleo, manto y corteza terrestre. La mayor parte del oro que consumimos proviene de asteroides que chocaron contra la Tierra cuando aún existía la pangea. Esta es la razón por la cual, prácticamente, se encuentra este elemento en todos los continentes. En diversas culturas, a través del tiempo, ha sido sujeto de veneración como algo sagrado, moneda para el intercambio, reserva de valor y mercancía para la fabricación de diversos artículos de uso personal como la joyería. En la actualidad también, la industria tecnológica utiliza alambres de oro para la fabricación de chips, computadores y teléfonos celulares. Además de su brillo característico, es el preferido por sus propiedades, entre ellas su maleabilidad y su duración, ya que no se oxida y mantiene sus cualidades en el tiempo. Si bien ni es tan raro y escaso como otros elementos -representa aproximadamente 0,003 partes por millón de la corteza terrestre- su demanda y preferencia lo hacen un bien relativamente escaso y, junto al platino y al aluminio, son los metales más costosos por onza que existen. En la actualidad, una onza Troy de Oro (31,1 gramos) alcanza los USD 1.400. Sudáfrica -históricamente- ha sido el mayor productor mundial de oro; sin embargo, en la actualidad este país apenas ocupa la octava posición entre los principales productores. China con 453,5 toneladas por año es el mayor productor mundial de este elemento, seguido de lejos por Australia (287,3 toneladas), Rusia (253,5 toneladas) y Estados Unidos (225,7 toneladas). Perú y México son los países latinos que más producen oro, ocupando la posición número seis y nueve dentro del top 10. Fuente: María José Vilac y Víctor Zabala.