Desde 2006, cuando fue introducido por el Foro Económico Mundial, el Índice Global de Brecha de Género reveló resultados de 149 países y la situación acerca de los procesos inclusivos. En el reporte, Islandia lidera el ranking a nivel mundial, con un puntaje de 0,877. Dentro de las cinco primeras posiciones se ubica un país latinoamericano: Nicaragua, que ocupa el puesto cinco, con un score de 0,804. Las demás ubicaciones son compartidas por Noruega, en el puesto dos (0,842); seguido por Finlandia, en el tres (0,832) y en el cuarto, Suecia (0,820). El Índice Global de Brecha de Género se compone de cuatro criterios, que se evalúan con sus respectivos subíndices. La forma en que se mide cuantitativamente cada criterio toma en cuenta tres conceptos subyacentes: brechas versus niveles (se clasifica a los países de acuerdo a las brechas de género existentes y no por su nivel de desarrollo), resultados versus insumos (el enfoque se dirige a derechos básicos como salud, educación, participación económica y empoderamiento político; dejando a un lado las políticas, derechos, cultura o costumbres de cada nación) y la igualdad de género versus empoderamiento de las mujeres (prima el cierre de la brecha frente a una batalla de sexos). Los cuatro subíndices son: participación y oportunidades económicas (incluye las brechas de participación, remuneración y avance), logro educativo (proporción de mujeres y hombres que acceden a educación primaria, secundaria y terciaria), salud y supervivencia (proporción de sexos al nacer y esperanza de vida saludable por sexo) y empoderamiento político (ocupación de puestos políticos por mujeres frente a hombres y participación femenina en cargos del poder ejecutivo). Ecuador ocupa el puesto 48 de 153 naciones en el mundo. En su puntaje alcanza 0,729, un valor que supera la media de 0,7 a nivel global. Dentro de la región, el país se ubica en el puesto 12 de 23. Cerrar las brechas de género no es posible únicamente a través leyes o decretos. Se requiere del compromiso de la academia y empresarios, para que no solo se garantice el acceso y trato igualitario de hombres y mujeres en la economía, sino también que se eliminen las brechas salariales y los prejuicios en torno a las capacidades o competencias de un género u otro. El rol de la academia es aportar con investigaciones y datos que ayuden a medir y eliminar esta problemática, mientras que el rol de los empresarios es aplicar los principios de igualdad dentro de sus culturas corporativas. Realizado por: Paúl Reinoso y Víctor Zabala Andrade