Las ventas en las tiendas de barrio, panaderías, licorerías, almacenes de ropa, de electrodomésticos, mercados y supermercados marcan el movimiento económico de Quito. La capital vive del comercio al por mayor y menor. Si uno busca cuál es la capital económica de Ecuador en Google, como primera respuesta en el buscador todavía aparece Guayaquil, pero lo cierto es que Quito representa alrededor del 23% del Producto Interno Bruto del Ecuador (PIB) mientras que la ciudad portuaria le sigue con el 19%. En 2018, el comercio generó ventas por USD 21.288 millones, según el Directorio de Empresas y Establecimientos del Instituto Nacional del Estadística y Censos (INEC) publicado el mes anterior. La cifra significa un peso del 30,6% en las ventas totales de la capital que ascienden a USD 69.465 millones. Luis Naranjo, jefe de análisis económico de la Cámara de Comercio de Quito (CCQ), explica que no es sorprendente que la dinámica de las capitales sea el comercio, pues concentran la mayor cantidad de población y recursos. El comercio también concentra altas cifras en cuanto a mano de obra. En 2018 esta actividad generó en promedio 161.527 plazas de empleo. En relación con 2017 aumentaron en 3.581 puestos. Además, Naranjo explica que mientras el comercio mayorista genera un volumen de ventas más grande, los minoristas tienen mayor número de locales. Al comercio le sigue la industria manufacturera con un 20,41% de participación en las ventas de 2018 y la explotación de minas y canteras. Esto último se debe a que muchas compañías mineras están registradas en Quito aun cuando sus operaciones son en otras provincias. Para Luis Naranjo, el mayor desafío de la principal urbe ecuatoriana es diversificar su actividad económica para no depender solo del comercio. “Se deben impulsar las áreas de servicios financieros, desarrollo de software e incentivar más el turismo”, apunta. Nuevos proyectos para Quito Desde el sector privado existen iniciativas de trabajo en conjunto con el Municipio. En temas de movilidad se han propuesto proyectos de estacionamientos inteligentes que funcionen con parquímetros o el transporte con scooters eléctricos. Además, proponen algunas concesiones para mejorar la gestión pública, por ejemplo, del tradicional balneario El Tingo. “La idea es aliviar la carga del Municipio con la participación del sector privado”, dice Naranjo. Otra iniciativa más avanzada apunta a reactivar el centro histórico, sobre todo, luego de las pérdidas registradas por las manifestaciones de octubre. Otro desafío importante que tiene que ver con la productividad empresarial y el crecimiento económico es la tramitología. Constituir una empresa en Quito tarda 49 días, de los cuales 19 se deben a gestiones municipales. En otras capitales como Lima o Bogotá el tiempo es de máximo siete días. Sobre este tema, Bernardo Abad, concejal de Quito, aseguró que en el Municipio ya se tiene un plan para simplificar la tramitología y así hacer llamativa la inversión en la ciudad. Prevé que varios trámites se hagan en línea. No se puede dejar de mencionar la informalidad Datos de la CCQ indican que a los USD 61.429 millones de ventas de 2018 hay que sumar unos USD 15.000 millones del comercio informal (venta de frutas en las calles, en buses, almuerzos sin factura, entre otros). Abad considera que la solución a la informalidad es difícil porque se trata de un problema estructural. Para paliar esta realidad, el Municipio está abriendo plazas en varios mercados para que la gente ya no venda sus productos en las calles. Asimismo, para crear más plazas de empleo el cabildo capitalino facilita el uso de suelo. Con información de El Telégrafo.