Cuando leemos historias de empresas que han superado grandes crisis, se ha evidenciado que éstas han tenido como elemento común el haber contado con un líder comprometido con la gente, valiente, inspirador, cercano y humano. De ahí que las Universidades hoy en día, buscan despertar conciencia en sus estudiantes para que comprendan que el éxito o el fracaso de una organización se basa no sólo en la perspicacia del líder, en su conocimiento y experiencia, sino en gran medida, en su excelencia humana. Tiempos como los actuales, ponen en evidencia la importancia de alinearse a esta tendencia de liderazgo, logrando que las directivas en los tiempos del Coronavirus, enfoquen su estrategia, su energía y motivación hacia tres objetivos: 1. Proteger a su gente 2. Generar ingresos y 3. Buscar no perder tanto, pues necesariamente, en alguna medida, algo vamos a perder. ¿Qué quiere decir proteger a tu gente? Sencillamente es ocuparse de crear un ambiente de trabajo donde las personas se sientan productivas, seguras, cuidadas, donde tengan la posibilidad de aportar ideas y de sentirse como parte importante de un grupo. Muchas veces nos han dicho que los clientes son lo primero, pero con el tiempo hemos aprendido que lo primero son los colaboradores, tal como lo dice el exitoso empresario Richard Branson: “si cuidas a tus empleados, ellos cuidarán de tus clientes; siempre tendrás clientes satisfechos y fieles, porque ellos recibirán la mejor atención: la de un empleado feliz y realizado". ¿Y cómo hacerlo? Lo primero que deben proponerse en su corazón, es no tener que prescindir de ninguno de los integrantes de su empresa. Para ello, es importante que, busque soluciones creativas, arme un plan de pago flexible, investigue con sus colegas, en el gremio o en medios de comunicación, los alivios y auxilios que se están brindando por la coyuntura; busque por todos los medios, formas recursivas para conservar a su gente. En este contexto, también acuda a una instancia espiritual, buscando dirección, guía y provisión para ello. En este tiempo se ha hecho evidente que, en muchas instancias, se está buscando esperanza, fortaleza y dirección de tipo espiritual. Es tal, que grandes líderes mundiales han invitado a las personas a acudir a la oración como una forma de enfrentar esta situación. El presidente Donald Trump ha hecho referencia a que su país históricamente ha “buscado a Dios por protección y fuerza” y, en repetidas ocasiones, ha animado a los americanos a orar en este tiempo de crisis; su homólogo Alejandro Giammattei, Presidente de Guatemala, invitó a la ciudadanía a practicar la oración y el ayuno como una forma de unirse contra esta epidemia; Jeanine Áñez, presidenta de Bolivia, Mario Abdo Benitez mandatario de Paraguay e Iván Duque de Colombia incluyen también es sus discursos invitaciones a mantenerse unidos en oración. Parece ser que el aspecto espiritual tiene un papel fundamental para la humanidad en tiempos de crisis y, por eso, en este caso, resulta pertinente incluir fundamentos bíblicos que direccionen el actuar de los líderes empresariales. Por ejemplo, como gerente puede resultar importante tener como principio para conservar al máximo a cada uno de sus colaboradores, considerar lo recomendado en la Biblia que: “Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás.” (Filipenses 2:4). Otra forma de proteger a su gente, es fortalecer la cultura interna de su empresa: genere unión entre su gente, hágalos sentir orgullosos de su trabajo y de encontrar en él, motivos para ser feliz. Eso se logra con algunas prácticas muy sencillas de implementar: Rompa con esa jerarquía organizacional que se suele manejar al interior de las empresas, donde hay niveles superiores e inferiores. En las empresas debe haber cargos, pero eso no tiene por qué representar grados de importancia o superioridad, eso simplemente representa tener diferentes responsabilidades. Y la biblia es muy clara sobre eso, al hacer referencia a que "Ustedes jefes, traten bien a sus colaboradores y no los amenacen, pues recuerden que su jefe y el de ellos, está en el cielo y Él trata a todos por igual, no discrimina a nadie" (Efesios 6:9). Al parecer la actitud más correcta y sana es que nos tratemos entre todos con respeto, honra, con admiración y amabilidad, todos en igualdad. Hable más de “nosotros” y menos de “yo”. Es muy frecuente escuchar a Directivas decir, “yo logré”, “yo pensé”, “yo hice”, “yo inventé”, olvidando que el trabajo y lo que se logra, es el resultado del esfuerzo de un equipo. Es como si olvidaran que, por ejemplo, Don Quijote necesitó de un Sancho Panza para hacer historia y, hasta Betty la Fea necesito de Nicolás. Esto, más que nunca, ¡es un tiempo para trabajar juntos! Construya en compañía de sus empleados, las nuevas ideas y formas de hacer las cosas que esta coyuntura nos está exigiendo. Haciendo este tipo de reuniones con ellos, usted le está demostrando que confía en su equipo, que necesita de su conocimiento y experiencia para juntos reinventarse con éxito este nuevo comienzo, actitud además muy alineada con el Proverbio que dice “en la multitud de consejeros, hay seguridad”. Proverbios 11:14 Que sus palabras siempre sean de bendición, de bien-decir: Cuando se refiera a la crisis por la que se está atravesando, evite la queja y más bien transmítele esperanza a su gente, anímalo, busque extraer cosas buenas en medio de lo malo; recuerde que un verdadero líder inspira a su gente a confiar que todo va a estar bien y que todo tiene un propósito. Asuma también la práctica de felicitar con más frecuencia a su gente, reconozca el trabajo bien hecho y elogie hasta la personalidad y forma de ser de cada miembro de su equipo. Esta sencilla práctica genera serotonina en el cerebro, que es un neurotransmisor de la felicidad, el cual surge cuando nos sentimos admirados y respetados. Comparta y celebre con su gente los resultados que van obteniendo, de esa manera el trabajo tendrá mayor sentido para ellos y estarán motivados, al ver el impacto real y tangible de su tiempo y esfuerzo, condición que le va a generar felicidad, pues esta práctica también estimula serotonina.