Estos se canalizan a través de fuentes públicas y privadas, así como por instituciones multilaterales o bilaterales. Y en 2023, este tipo de fondos sufrieron un revés mayúsculo. Según datos de Morningstar citados por The Financial Times, durante el año pasado se destinaron USD 37.800 millones a fondos mutuos centrados en el clima. Si bien no suena a una cifra despreciable, esto representó una reducción del 75% frente al capital que se movió en estos fondos en 2021, que ascendió a un total de USD 151.000 millones. Entre las explicaciones que existen para la reducción marcada en este tipo de fondos se encuentra la cultura “anti-woke”, así como el rechazo reciente a la inversión en temas ambientales, sociales y de gobernanza dentro de las empresas (los criterios ESG, por sus siglas en inglés). La tendencia ha sido tal que en algunos lugares de Estados Unidos incluso se han aprobado legislaciones anti-ESG durante 2023.También te puede interesar: La economía ecodigital se duplicará en el próximo lustro A esto se suma que las tasas de interés han estado en constante aumento. Lo que ha perjudicado a las empresas que se han enfocado en temas ambientales. Por ejemplo, compañías enfocadas en energía limpia se han visto golpeadas por el creciente costo de la deuda, lo que provocó la caída de sus acciones. Otros factores externos coyunturales han incidido también en esta caída. Es el caso del conflicto armado que continúa entre Ucrania y Rusia, así como el efecto que este ha tenido en el mercado energético. Las complicaciones en el Mar Rojo y su impacto en los flujos comerciales globales también han acentuado el nerviosismo de este mercado energético, que afronta situaciones de incertidumbre. Todos estos factores han influido para que el dinero que antes se movía en fondos enfocados en el clima se reubiquen en otros espacios que ofrecen mejores escenarios y más certidumbre. Fuente: Business Insider