Los deportistas ecuatorianos vibran alto. Basta verlos en los noticieros o en las redes sociales para contagiarnos de su energía positiva. Este 2024 ganaron muchas medallas, pero sobre todo nos inspiraron con sus historias. Los hemos visto sonreír, entrenar con disciplina, superar las adversidades y seguir soñando. Sus triunfos han sido un regalo en medio de un año desafiante para los ecuatorianos; pero también nos han dado una lección de vida. Chicas superpoderosas Las tres son mujeres, son deportistas, crecieron en poblaciones históricamente abandonadas por el Estado: Kiara Rodríguez (Isla Trinitaria), Poleth Mendes (Carpuela) y Estéfany López (Macas). Las tres brillaron en los Juegos Paralímpicos París 2024, un espacio para deportistas con discapacidad que se realizan inmediatamente después de las Olimpiadas y en la misma sede. Una de ellas es Kiara Rodríguez, que obtuvo dos medallas de oro: en 100 metros planos y en salto largo, en la categoría T46/47. La joven nació en la Isla Trinitaria, un sector del sur de Guayaquil donde todavía hay pobreza e inseguridad, pero que gracias al apoyo de organizaciones y de la misma comunidad, hay niños, como ella, que encuentran su vocación y desarrollan su potencial. Su parálisis branquial le reduce movilidad en el brazo izquierdo, pero eso no le ha impedido ser una gran deportista. Otra de las ganadoras fue Poleth Mendes, de Carpuela (Imbabura) quien logró una medalla de bronce en el impulso de bala F20. Ella y su hermana Anaís, que tienen discapacidad intelectual, se dedican a este deporte gracias al impulso y apoyo de su madre. Las hermanas han sido campeonas en otras competencias regionales. Estefany López, de Macas, participó por primera vez en los Juegos Paralímpicos y ganó una medalla de bronce. La deportista, con una discapacidad física, se dedica al lanzamiento de disco F41, para atletas de campo de baja estatura. En uno de sus intentos, López alcanzó una distancia de 30.89 metros, con lo cual estableció un nuevo récord en Latinoamérica. Romper miedos y paredes En octubre de este año, 24 deportistas ecuatorianos viajaron a Asunción para representar a Ecuador en los Juegos Latinoamericanos de Olimpiadas Especiales. Regresaron con 9 medallas de oro, 13 de plata y 13 de bronce. “Más allá de las medallas, buscamos la inclusión social”, señaló Héctor Cueva, presidente del organismo Ecuador, al diario Expreso. La deportista más galardonada en este campeonato fue la gimnasta María Emilia Torres, que obtuvo cuatro medallas de oro, en gimnasia de aro, cinta, cuerda y all round. La joven dijo a la prensa que se siente muy contenta por este triunfo que lo dedica a sus padres. Otros deportistas que obtuvieron el oro fueron Hillary González y Wilson Bravo (atletismo, 100 metros libres), Eunice Trávez (gimnasia, all round), Andrea Ponce (gimnasia, aro) y Joel Izquierdo (natación, 200 metros libres) “Nuestros deportistas están rompiendo paredes y miedos…”, dijo Nicolás Cueva, vocero de Olimpiadas Especiales a Expreso. Esta iniciativa busca motivar la inclusión en el deporte a personas con discapacidad intelectual. “Antes les decían que no se suban a una bicicleta, que no naden o que no iban a poder hacer una rutina de gimnasia y hoy están representando al país, demostrando que pueden salir adelante y que son capaces cuando confían en ellos”, añadió Cueva. Disfrutar cada resultado El 1 de agosto, a las dos de la mañana, mientras muchos dormíamos en Ecuador, Daniel Pintado (Cuenca, 1994) atravesaba la meta, saltaba, abría los brazos y mostraba la foto de sus dos hijos. Había recorrido los 20 kilómetros marcha en las Olimpiadas de París 2024 y había logrado la medalla de oro. La prensa lo abordó en ese instante: “Ayer estaba muy nervioso, estuve llorando en mi habitación porque no sabía qué podía pasar. Sabía que había entrenado duro y sacrificado tanto, estando lejos de mis hijos”, dijo. Los ecuatorianos recibimos la buena noticia apenas amaneció. Habían pasado 28 años de que un marchista ecuatoriano (Jefferson Pérez) ganara la medalla de oro en las Olimpiadas. En seguida, quisimos saber más sobre Daniel Pintado: tiene 29 años y mide 1,68 m; de niño practicó desde natación hasta taekwondo, pero a los 13 años descubrió que la marcha atlética era lo suyo. Y no se equivocó. Solo un año después ganó su primera medalla de oro en los Juegos Sudamericanos de Zamora Chinchipe. Ese fue solo el inicio. También te puede interesar: Aquafitness: Fisioterapia acuática Luego de conseguir algunos éxitos regionales y mundiales, su siguiente objetivo era una medalla olímpica. A sus 21 años compitió por primera vez en las Olimpiadas de Río 2016, y llegó al puesto 36. Luego, en Tokio 2020 llegó en el puesto 12. Celebró cada vez. Y siguió trabajando para ello. En el camino hacia París 2024, le pidió al marchista Andrés Chocho que lo entrenara. Él fue su referente, luego su rival y ahora es su maestro. “Me dijo que soy un vehículo de seis velocidades. Me dijo que fuera en la carrera a cinco velocidades y que ya él me iba a decir cuándo meter la sexta. Y no se equivocó. Yo físicamente pensé que no podía, pero sí que pude”. No perder de vista la meta Glenda Morejón (Ibarra, 2000) se quedó con “la pica” en las Olimpiadas de Tokio 2020, donde tuvo que retirarse a media carrera por problemas de salud. En todos estos años ha cosechado muchos triunfos. Y en las Olimpiadas de Francia 2024 al fin logró una medalla de plata, en la competencia de relevos mixtos junto a Daniel Pintado. Muchos admiran a Glenda Morejón por su carácter y determinación. En 2017, la joven mostró frente a las cámaras un par de zapatos agujereados, con los que entrenaba. Lo hizo para denunciar la falta de apoyo del Gobierno a los deportistas. Había representado a Ecuador en tres sudamericanos y en los tres había salido campeona. Cuando mostró los zapatos rotos, la imagen dio la vuelta al mundo. Acababa de ganar el mundial de atletismo sub 18 en Kenia. Desde entonces ingresó al grupo de deportistas de alto rendimiento. En una entrevista con un medio local, Glenda cuenta que siempre tuvo que trabajar duro para conseguir lo que se propuso. Cuando quiso ser bastonera, su padre le retó a vender sandías en el mercado de Otavalo, donde su madre trabajaba vendiendo frutas, y ella lo hizo. Sus amigos y familiares también la ayudaron a conseguir fondos para viajar en sus inicios, Hoy, ella es una de las favoritas en este deporte en Ecuador. “Todas las pruebas que he enfrentado siempre han sido para fortalecerme física, mental y espiritualmente”, dice. Luchar con todas las garras Lucía Yépez (Quevedo, 2001) lucha como un tigre. Eso le repetía siempre su entrenador Jorge González. Y ella le repondía que un día se volvería “una tigra”. Trabajó para ello. Su madre María Guzmán cuenta, en una entrevista con diario La Hora, que de niña se escapaba para entrenar. La madre, que tuvo que criar sola a sus hijos, no estaba de acuerdo porque pensaba que la lucha solo era para los hombres. Poco a poco fue entendiendo que esto es lo que quiere hacer su hija en la vida. Cuando tenía apenas 10 años, Lucía Yépez ganó su primer campeonato en Santo Domingo de los Tsáchilas. En un inicio, ella se costeaba sus gastos para conseguir equipamiento y seguir entrenando. Trabajaba como comerciante, vendía lápices, mango o agua. Con los triunfos, fue consiguiendo apoyo. Fue campeona en los Juegos Bolivarianos, Suramericanos y Panamericanos. En 2021 ganó el mundial Sub 23 y fue la primera vez que Ecuador conseguía un título de lucha de esa magnitud. En las Olimpiadas de Tokio 2020 no pudo competir por la medalla de bronce, por una lesión, pero se llevó un diploma olímpico. Lucía quería la revancha. Así que en Francia 2024, la Tigra consiguió la medalla de plata. Hoy, está en el puesto número uno, en la división de los 53 kilogramos, del ranking de la Federación Mundial de Lucha (United World Wrestling). Soltar los pesos y luego sonreír A muchos todavía se les hace un nudo en la garganta cuando recuerdan a Neisi Dajomes (Puyo, 1998), levantando sus pesas en las Olimpiadas de Tokio 2020. Lucía un turbante colorido y tenía la mirada dulce. Aún estábamos confinados por la pandemia del covid-19 y con la incertirumbre del futuro. Cuando Neisi soltó la pesa del triunfo, mostró su mano, había escrito los nombres de su hermano (+) y de su madre (+). Y luego sonrío. Muchos ecuatorianos lloramos al verla por la pantalla. Y luego también sonreímos. Este 2024, volvimos a sonreír. A pesar de lo desafiante que ha sido este año para los ecuatorianos, Neisi y su hermana Angie Palacios nos demuestran que es posible cargar pesos (muy pesados) y seguir luchando por los sueños. En las Olimpiadas de París 2024, Neisi Dajomes (en la categoría de 81 kilogramos) y su hermana Angie Palacios (en la de 71 k) ganaron, cada una, una medalla de bronce. Las hermanas nacieron en la provincia de Pastaza. Sus padres, originarios de Colombia, llegaron a Ecuador como refugiados. Actualmente son dos de las mujeres más admiradas en el país. Por: Fernanda Mejía.