"El reto de 2026 es que la política comercial no se vuelva un impuesto permanente a la producción". Ecuador cerró 2025 con señales de recuperación y menor estrés fiscal: más liquidez por exportaciones y remesas, y un clima financiero menos tenso que meses atrás. Pero el inicio de 2026 abre un frente externo más incierto: aranceles, tensiones bilaterales y costos de importación pueden trasladarse a precios, márgenes y empleo, justo cuando el país busca consolidar inversión. Para Alberto Acosta Burneo, analista económico y editor de Análisis Semanal, la competitividad en 2026 dependerá menos del “rebote” y más de la política comercial. Los aranceles se han convertido en una variable política que redefine la competencia por producto y obliga a negociar para evitar nuevas sobretasas que golpeen exportaciones clave. El principal riesgo está en Estados Unidos. Sin un tratado comercial y con el SGP sin renovarse desde 2020, Ecuador queda expuesto a decisiones unilaterales. Acosta Burneo advierte que los aranceles “recíprocos” anunciados por Donald Trump reordenan la cancha y empujan a una negociación continua para sostener acceso y precio en el mercado. El impacto es visible en el camarón: enfrenta cerca de 19% (base más antidumping), mientras la entrada con mayor valor agregado suele encontrar más barreras. A la vez, Washington presiona en temas como propiedad intelectual y comercio digital, y el lobby interno complica la ruta en productos sensibles, elevando el costo de la incertidumbre. También te puede interesar: Cultura sólida basada en valores A este tablero se suma la “tasa de seguridad” del 30% anunciada por el Gobierno Nacional a mediados de enero de 2026 y aplicada a las importaciones colombianas. Acosta Burneo sostiene que esta medida encarece insumos como plásticos, químicos, farmacéuticos, autopartes, papel, cartón y maquinaria, afectando cadenas integradas por décadas. “En una guerra comercial no hay ganadores, suben precios y cae la competitividad en ambos lados”. El reto de 2026 es que la política comercial no se vuelva un impuesto permanente a la producción. Blindar competitividad exige dos frentes: diplomacia y negociación para bajar aranceles y asegurar acceso, y reformas internas que sostengan inversión, seguridad jurídica y productividad. De lo contrario, el costo llegará a precios, empleo y divisas. “El objetivo inmediato es volver al nivel arancelario previo y sumar más productos sin sobretasa”.