Expertos en manejo de riesgos abordaron uno de los desafíos más apremiantes para las ciudades: las lluvias y sequías extremas. Esteban Cárdenas, Jefe del Cuerpo de Bomberos del Distrito Metropolitano de Quito, y Cristopher Velazco, representante de la Asociación de Profesionales de Gestión de Riesgos del Ecuador, destacaron que los desastres “no son naturales, sino la consecuencia de vulnerabilidades estructurales que agravan fenómenos climáticos”. Cárdenas enfatizó que la adaptación requiere corresponsabilidad: “Ya no podemos actuar como hace 10 años; hoy necesitamos aliados estratégicos, tecnología y una ciudadanía activa”. En 2024, Quito dio un paso crucial al aprobar una ordenanza de manejo integral del fuego, que se implementa con brigadas comunitarias y embajadores del cambio climático, ciudadanos comprometidos que colaboran con los cuerpos de emergencia. Velazco resaltó que “cada vez son más frecuentes lluvias o incendios ‘históricos’, pero lo relevante es cómo nos preparamos para ellos”. En este sentido, el cuerpo de bomberos ha implementado un Plan de Eventos Climáticos vigente todo el año, que incorpora desde restauración ecológica hasta planes de respuesta ante precipitaciones intensas. El eje tecnológico también juega un papel clave: cámaras en puntos estratégicos y sistemas de analítica de datos permiten una vigilancia anticipada de incendios forestales y amenazas hidrometeorológicas. “La inteligencia artificial y el monitoreo permanente son herramientas que hoy salvan vidas”, afirmó Cárdenas. Así, Quito se consolida como una ciudad resiliente, con una gestión de riesgos moderna, inclusiva y colaborativa.