Lo es tanto por el liderazgo que ejercen en la contribución de las compañías, como su más amplio alcance, en sus prescriptores a nivel gremial, en las autoridades y clase política, en los clientes y consumidores, y el público en general. El activismo del CEO empieza por la propia empresa, promoviendo la incorporación de los aspectos sociales y ambientales en la de decisiones a todo nivel, incluyendo desde el diseño de los productos y servicios. Se tiene que haber producido entonces la evolución desde un enfoque de corto plazo y centrado en el accionista. Un movimiento como el experimentado por la Business Roundtable, agrupación de los principales CEO en EUA, que da empleo a más de 20 millones de personas. El colectivo insistió por años en la primacía del accionista, hasta su apertura en 2019 a un discurso de creación de valor multistakeholder, especialmente de la contribución al desarrollo del país. De esta manera, la sostenibilidad pasa a cimentar la estrategia de la compañía y su cultura. Es importante que vaya acompañada de la definición o redefinición de un propósito con este enfoque de valor, de ir más allá de los resultados económicos. Debe, además, participar de forma activa del establecimiento de las prioridades de trabajo, acordes a los impactos, riesgos y oportunidades en las dimensiones social y ambiental, facilitando que sea asumido como un compromiso compartido por todos los equipos. La articulación del gobierno corporativo es clave, garantizando la toma de decisiones por el interés de la empresa, con esta perspectiva de largo plazo y atención al más amplio conjunto de grupos de interés, por sobre intereses individuales. Hacia la sociedad, especialmente en contextos de mayor inestabilidad política y pérdida de credibilidad de otras instituciones, la empresa permanece en términos generales resiliente en la confianza de la ciudadanía. Esto se ha acentuado en la pandemia, donde el sector privado aumenta su diferencia con los gobiernos en cuanto a credibilidad, como refleja el Edelman Trust Barometer 2021. Los CEO se han caracterizado tradicionalmente por mantener un perfil bajo, ante el riesgo de su opinión pudiera afectar a los resultados de su compañía. Pero el momento y las nuevas generaciones precisan de liderazgos, basados en su alcance y la confianza de la sociedad. No se trata de lobbing, va más allá de la influencia sobre la agenda legislativa. La opinión del líder empresarial ha de estar alineada con los valores y enfoque de gestión de su empresa. Eso no significa que se trate de una portavocía de la empresa, es a título individual, pero debe mostrar que existe congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, es decir, con la gestión de la compañía. Si bien puede extender a temáticas más allá de aquellas en que tienen influencia, el foco de su discurso estará en temas sobre los que tienen capacidad de actuación. Ya no es tan ajeno escuchar posicionamientos sobre diversidad y cambio climático, como principales temas del discurso público. Sin embargo, se trata todavía en la mayoría de los casos de posturas reactivas ante grandes movimientos sociales y presión mediática. El desafío se encuentra en establecer una agenda propia, por encima de estas situaciones. Sin embargo, a pesar de los avances, todavía queda camino. En marzo, el despido de Emmanuel Faber, CEO y Presidente de Danone, nos mostró que el cortoplacismo no estaba tan muerto como creíamos. Después de liderar una robusta apuesta por la sostenibilidad, fue desvinculado ante la presión de fondos activistas esgrimiendo aspectos de rentabilidad. Como vemos todavía nos queda convencer a los accionistas, estamos en ello. Por _ Pablo del Arco Fernández Subdirector de sostenibilidad en Valora Consultores @pabloarcoferCiudad de México | Quito | Ciudad de Panamá