Según Imperial, una cooperativa no puede ser solo una empresa ni únicamente una entidad social: debe encontrar un equilibrio genuino entre ambas dimensiones para sostener su esencia solidaria. Dos pilares centrales en esa gobernabilidad son, para Imperial, el liderazgo democrático y la transparencia. La democracia en las cooperativas va más allá de una elección formal: implica generar condiciones reales para que los socios participen, debatan y se involucren en la toma de decisiones. “Crear una cooperativa es sencillo; formar cooperativistas es el verdadero desafío”, señaló, aludiendo a la necesidad de una cultura participativa y formativa dentro de estas organizaciones. Sobre la transparencia, el experto advirtió que no basta con presentar balances financieros: se trata de una cultura organizacional basada en la rendición de cuentas, la honestidad y la claridad en los roles. Gerentes y consejos directivos deben respetar sus funciones sin usurparse mutuamente, evitando así la "ingobernabilidad", un riesgo común cuando miles de socios forman parte de una cooperativa sin una estructura clara. Imperial subrayó también que la profesionalización de los órganos directivos y la capacitación constante son fundamentales para que todos —sin importar su nivel educativo— puedan tomar decisiones informadas. “Somos empresas sociales que deben ser eficientes y rentables, pero sin perder su raíz: los principios y valores cooperativos”, concluyó, alertando sobre la tentación de copiar el modelo bancario tradicional. El mensaje fue claro: las cooperativas deben evolucionar sin traicionar su identidad. Para eso, deben fortalecer su cultura interna, educar a sus socios y mantener una firme vocación de inclusión financiera. Solo así podrán generar riqueza sostenible y distribuirla de manera equitativa.