En la Kumbre de Sostenibilidad 2026, líderes de banca, salud, consultoría y farmacia coincidieron en que el propósito no puede quedarse en el discurso. Debe traducirse en cultura, decisiones diarias, confianza y resultados concretos para las personas, las organizaciones y el país. El foro “Liderazgo, propósito y coherencia estratégica: El compromiso que nos mueve” dejó una idea central desde el inicio: hoy no basta con crecer, innovar o rendir cuentas. Las empresas también enfrentan una exigencia cada vez mayor de legitimidad social y coherencia entre lo que dicen y lo que hacen. En ese escenario, el liderazgo con propósito aparece no como un concepto aspiracional, sino como un criterio operativo para sostener decisiones, cultura y reputación. El conversatorio reunió a Sebastián Joffre, Gerente General de Laboratorios Bagó del Ecuador; Esteban Valencia, CEO de PwC Ecuador; Arturo Martínez, Director General de FEMSA Salud Ecuador; y Guillermo Lasso Alcívar, Presidente Ejecutivo de Banco Guayaquil. La moderación estuvo a cargo de Jessica Faieta, Senior Fellow de la Jackson School of Global Affairs de Yale, quien condujo una conversación enfocada en liderazgo, confianza y acción. Alinear propósito personal y cultura corporativa para trascender Para Sebastián Joffre, hablar de propósito exige empezar por una pregunta individual. A su criterio, las organizaciones no pueden aspirar a trascender si antes no ayudan a sus colaboradores a identificar un sentido propio. Solo cuando ese propósito personal se conecta con el propósito corporativo, es posible construir una cultura que movilice a las personas y genere impacto real en la sociedad. Desde esa lógica, Bagó ha vinculado propósito, cultura y sostenibilidad con herramientas concretas de gestión. Joffre explicó que la empresa trabaja sobre variables como diversidad, equidad, inclusión y escucha activa a sus públicos de interés. A esto suma la medición de factores clave como ética, calidad y accesibilidad, para traducir el bienestar en acciones palpables. Valores que se convierten en ventaja competitiva Esteban Valencia resumió el enfoque de PwC en una idea clara: el propósito es el motor de la confianza, la transformación y el crecimiento. En la firma, ese propósito se expresa en generar confianza en la sociedad y resolver problemas importantes, una definición que guía inversiones, decisiones estratégicas y el comportamiento de cada profesional dentro de la organización. El ejecutivo sostuvo además que la coherencia no se improvisa, sino que se construye con el tiempo. Tras más de dos décadas en la firma, afirmó que nunca ha experimentado una ruptura entre sus valores personales y los de la organización. Por el contrario, destacó que la cultura corporativa fortalece la integridad, la conciencia y la capacidad de generar valor sostenible en el mercado. Rentabilidad con impacto: el equilibrio del liderazgo moderno Arturo Martínez llevó la conversación a una dimensión práctica. En FEMSA Salud Ecuador, explicó, el propósito es claro y compartido: llevar salud y bienestar a más ecuatorianos. Sin embargo, enfatizó que este objetivo solo cobra sentido cuando se traduce en acciones concretas que conectan con la comunidad y generan impacto real en el entorno. Martínez defendió una visión de negocio que combina rentabilidad y propósito. Señaló que generar resultados económicos no está reñido con apoyar al país, a los colaboradores y a la sociedad. La coherencia, dijo, se demuestra en la operación diaria, en la relación con aliados y en la capacidad de responder a desafíos estructurales con soluciones colaborativas. De la promesa a la experiencia: coherencia en acción Guillermo Lasso Alcívar aterrizó el propósito de Banco Guayaquil en una premisa concreta: facilitar la vida de millones de ecuatorianos cada día. Esta visión, explicó, se conecta con una filosofía histórica de la institución como un negocio de personas para personas, que busca consolidarse como cercano, sencillo y transparente en su relación con el cliente. El ejecutivo subrayó que la coherencia depende de un principio clave: primero ejecutar y luego comunicar. Reconoció que en el pasado la organización comunicó aspiraciones antes de materializarlas, pero hoy prioriza escuchar al cliente y traducir sus necesidades en soluciones reales. Esto se refleja en una estructura más ágil, con liderazgo distribuido y decisiones más cercanas al usuario. Construir confianza en entornos de alta presión Jessica Faieta dio el marco conceptual del foro al destacar que el liderazgo efectivo no es el que tiene todas las respuestas, sino el que logra construir confianza en contextos de incertidumbre. Para ella, liderar implica movilizar a otros hacia objetivos compartidos sin perder de vista los valores que sostienen a la organización. La moderadora enfatizó que el propósito bien gestionado se convierte en una ventaja competitiva. A través de sus intervenciones, llevó la conversación hacia la necesidad de alinear discurso, cultura y acción, destacando que la coherencia no es un atributo ideal, sino una condición indispensable para sostener el liderazgo en el entorno actual. El foro dejó una conclusión transversal: El liderazgo empresarial exige coherencia más que perfección. Los panelistas coincidieron en que el propósito, cuando se integra en la cultura y en la toma de decisiones, no solo fortalece la confianza, sino que se convierte en una palanca real para generar impacto sostenible en el país.