Aunque su participación aún es baja frente a la gasolina y el diésel, el dinamismo de marcas como BYD, Chevrolet, KIA y Chery anticipa un cambio de estructura en el parque automotor nacional. En 2025, el vehículo eléctrico dejó de ser una rareza en las salas de venta. Según la Asociación de Empresas Automotrices del Ecuador (Aeade), con cifras del SRI, entre enero y octubre se comercializaron 3.175 unidades BEV, frente a 1.097 del mismo periodo de 2024, un salto de 189,4%. Solo en octubre se matricularon 457 eléctricos, más de tres veces que en octubre del año pasado, y representaron aproximadamente el 4% de todas las ventas del mes. Pese al crecimiento, el parque automotor sigue dominado por los combustibles fósiles. En los diez primeros meses del año, la Aeade reportó que los vehículos a gasolina concentraron el 52,9% de las ventas de vehículos nuevos y los de motor a diésel, el 29,1%; mientras que los eléctricos puros representaron el 3,2% y los híbridos, el 14,9%. La electrificación de los vehículos en Ecuador aún está en una fase inicial, pero es el segmento que más rápido crece y que ya presiona por mayor infraestructura de carga y políticas estables de incentivo. Por ejemplo, el valor de la matrícula de estos vehículos es de 10 dólares y, en Quito, están exonerados de la restricción de pico y placa. También te puede interesar: Revolución eléctrica: así cambia el mercado automotor mundial Hasta septiembre de 2025, según la Aeade, se alcanzó un pico de 484 vehículos eléctricos vendidos y, aunque octubre mostró una ligera reducción a 457 unidades, el nivel se mantiene muy por encima de los registros de 2024, cuando ningún mes superó las 200 unidades. Este comportamiento apunta a una demanda más informada, donde empresas, flotas y hogares comienzan a incorporar el costo total de propiedad, el precio de la electricidad y las restricciones ambientales en sus decisiones de compra. Para el sector automotor, la electrificación abre una doble agenda. Por un lado, obliga a las marcas y concesionarios a invertir en formación técnica, talleres especializados y redes de carga asociadas a sus modelos. Por otro, plantea al Estado el reto de acompañar el cambio con normas claras, infraestructura pública y medidas fiscales coherentes. Si la tendencia de 2025 se sostiene, Ecuador podría superar pronto el umbral del 5% de participación eléctrica, punto a partir del cual la transición deja de ser una promesa y se convierte en un nuevo estándar de competitividad para la industria.