Por Ignacio Fariza, El País El principio y el final de la presidencia de Donald Trump serán, con total seguridad, los dos mayores puntos de inflexión en la política estadounidense de la era moderna. Su llegada a la Casa Blanca supuso una enmienda a la totalidad sobre el rumbo económico en tiempos de Barack Obama: la unilateralidad impuso su ley; el libre comercio cedió terreno frente a los aranceles; las bajadas de impuestos a los más ricos se abrieron paso tras unos años de mayor progresividad fiscal; y el carbón y el crudo recuperaron el favor oficial en detrimento de las renovables.“El sector de infraestructuras, renovables incluidas, se beneficiarían directamente de una victoria de Biden”, subrayaba en la misma jornada electoral, cuando todo estaba aún el aire, el jefe de estrategia global de Julius Baer, Patrik Lang. En el lado contrario, petroleras, gasistas y farmacéuticas “sentirán una mayor presión por el lado de la regulación”. Además, a diferencia de otros sectores a los que le beneficiaría una victoria demócrata —el de consumo, por ejemplo, que depende en gran medida de los planes de estímulo que apruebe el nuevo Gobierno y el nuevo Congreso—, las renovables no dependen tanto de en qué manos quede el Senado: aquí, el empujón que dé Biden se antoja esencial, aunque si se confirma que la Cámara alta sigue dominada por los conservadores, esta puede torpedear algunas reformas vitales en la lucha contra el cambio climático.Las principales empresas estadounidenses vinculadas con las renovables ya están anticipando en su cotización sus halagüeñas proyecciones en la era Biden. El fabricante de paneles solares FirstSolar batió su máximo histórico en Bolsa hace dos semanas, cuando todos los sondeos ya apuntaban a la victoria de Biden, y, tras unas jornadas de dudas, retomó la senda alcista. La firma de pilas de hidrógeno Plug Power, también en máximos históricos, multiplica por seis su valor bursátil desde principios de año, y Sunpower, especializada en soluciones solares para hogares, ha multiplicado por cinco su valor en el último semestre. A rebufo de las noticias que llegan de la terna de Estados clave aún en disputa (Pensilvania, Georgia, Nevada, Arizona), eléctricas estadounidenses muy centradas en las renovables, como NextEra Energy —que ya vale más que muchos colosos del petróleo—, también baten estos días récord históricos de capitalización.El alborozo se ha extendido allende las fronteras estadounidenses: en Europa, el fabricante danés de aerogeneradores Vestas cabalga hacia un nuevo máximo histórico y la española —aunque filial de alemana— Siemens Gamesa, pese al resbalón de este viernes, ya ha superado con creces el susto del miércoles, cuando los primeros conteos apuntaban a una mayor fortaleza de Trump de lo previsto. La explicación es clara: en EE.UU., tanto la industria solar como la eólica son muy dependientes de componentes importados. Según las últimas cifras recopiladas por Reuters, el 84% de las instalaciones fotovoltaicas instaladas el año pasado vinieron del exterior, una cifra que oscila entre el 30% y el 50% en el caso de los molinos de viento.Una “revolución” de energía verde En campaña, Biden prometió una auténtica “revolución de las energías limpias que traerá consigo millones de empleos de clase media”. Para ello, el demócrata ha desvelado un potentísimo impulso —dos billones de dólares solo en su primer mandato, que se dice pronto: bastante más que el PIB español actual— en fuentes limpias de energía. La solar se llevará la palma, con el compromiso de instalar 500 millones de nuevos paneles, y la eólica irá a la zaga, con 60.000 turbinas. En su “transición para dejar atrás el petróleo” —las palabras que él mismo ha utilizado para referirse a su proyecto—, las baterías para almacenar los excedentes de generación tendrán un papel central, como también lo tendrán los incentivos para acelerar el tránsito del coche de combustión al eléctrico y para mejorar la eficiencia energética de los hogares. El objetivo último: que el sector eléctrico estadounidense sea neutral en carbono en 2035 y que las emisiones netas de todo el país lleguen a zona cero en 2050. Se trata, como se lee en la página web del demócrata, “no solo de revertir el daño hecho por Trump, sino de ir más allá. Y hacerlo rápido”.