En este sentido, CAF expone que la inclusión financiera tiene cuatro dimensiones centrales: acceso, uso, calidad e impacto sobre el bienestar o salud financiera. Además, el estudio arroja el siguiente dato, apenas el 33% de las mujeres toma decisiones financieras por cuenta propia, a diferencia de los hombres, que representa el 48%. Esto se debe a la falta de autonomía y confianza en temas de finanzas, los roles de género impuestos en la sociedad, la menor participación femenina en el mercado laboral y, en consecuencia, la generación de un menor ingreso. Pese a que las mujeres representan más de la mitad de la población de América Latina y el Caribe, el 67% dependen de otra persona para decidir sobre sus finanzas. Dentro de estos ejes, es necesario crear políticas adecuadas que incorporen una visión inclusiva para acortar la brecha. En efecto, “una de las necesidades primordiales es promover servicios financieros que permitan que las mujeres tengan una transición paulatina del sector financiero informal o no regulado al formal”, explicó Diana Mejía, Especialista Senior de CAF. Además, destaca la importancia de invertir en educación financiera que aporte a romper las barreras estructurales actuales. Por otro lado, CAF recalca que existe una brecha en el manejo de medios digitales, apenas el 17% de las mujeres sabe o maneja una aplicación bancaria. “En consecuencia, las mujeres tienen menor probabilidad, en promedio, de estar involucradas activamente en las decisiones financieras del hogar, si se tiene en cuenta que estadísticamente las mujeres tienen menores niveles de educación financiera y de ingresos que los hombres”, expresó Mejía. Bajo este panorama, para reducir la brecha en estos grupos, CAF recomienda crear sistemas con indicadores de género, dentro de los cuales se tomen datos como el grupo etario, nivel socioeconómico, democrático, nivel educativo, entre otros, que permitan identificar el desempeño de las mujeres en el sector financiero. Mejía también comenta que “los datos desagregados permiten el diseño de políticas o productos financieros con enfoque de género, al facilitar la caracterización de las necesidades y barreras a la inclusión financiera de las mujeres, así como las debidas herramientas para abarcar estos obstáculos”. Los conocimientos financieros como cálculos de interés simple o compuesto, e inflación se presentan en una brecha de diferencia de igual o mayor a 5 puntos entre hombres y mujeres. Finalmente, “la gran mayoría de los productos financieros existentes son diseñados sin tener en cuenta el enfoque de género o utilizando un enfoque superficial.”, manifestó Mejía. El objetivo de los programas es mejorar las competencias relacionadas con gestión de dinero, acceso a créditos, selección de productos financieros, capacidad de negociación y de manejo digital; para que las mujeres puedan beneficiarse y tener una participación igualitaria dentro del sistema.