Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Washington ha diseñado un proceso para aprovechar las mascarillas de polipropileno o poliéster. Este consiste en separar las fibras en diminutas microfibras de 5 a 10 milímetros de longitud y mezclarlo con una solución de óxido de grafeno. El ingrediente resultante se agrega a la mezcla de cemento. Según el estudio, publicado en ScienceDirect, se puede aumentar hasta un 47% la resistencia del cemento de uso común tras un mes de curado en comparación con una mezcla tradicional. "Las mascarillas desechables podrían ser un producto valioso si se procesan adecuadamente", asegura el profesor Xianming Shi, uno de los autores del estudio. También te puede interesar: Empresarios discuten sobre el rol decisivo de la sostenibilidad en los negocios Pero agregar microfibras a una mezcla de cemento no es algo completamente nuevo. Llevamos años haciéndolo, pero es una opción muy cara. Sin embargo, ahora tenemos mascarillas por doquier, según la Universidad de Dinamarca del Sur se desechan anualmente 1.500 millones, por lo que esta alternativa podría volverse mucho más económica y eficaz. Además, la producción de cemento es un proceso intensivo que genera hasta el 8% de las emisiones de carbono en todo el mundo. Si el hormigón reforzado se convierte en una opción viable, se podría reducir la cantidad de cemento necesaria para los proyectos y hacer que las construcciones duren más, algo que se traduciría en menos emisiones de carbono. Obtenido de: Xataka