Las finanzas sostenibles y la transformación digital: ejes de la política europea

Las finanzas sostenibles y la transformación digital: ejes de la política europea

Según las últimas investigaciones, los sistemas financieros deben cambiar sus modelos de negocio y profundizar en otros más productivos.

Con la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París, Europa se posiciona a la vanguardia de los esfuerzos internacionales por luchar contra el cambio climático. Ahora, a través del lanzamiento de tres nuevos paquetes de medidas, la Comisión Europea acompañará a las instituciones públicas y privadas en sus inversiones, respaldándoles hacia una reducción de las emisiones de carbono y haciéndoles más eficientes en términos de recursos económicos. Estos incluyen:

  1. Una taxonomía para el medio ambiente y sostenibilidad de los instrumentos de inversión.
  2. Normas de divulgación de riesgos de sostenibilidad.
  3. Estándares mínimos para puntos de referencia bajos en carbono.

Pero, para cumplirlo, será necesario hacer más por incorporar las inversiones sostenibles. La mayoría de expertos coinciden en que los precios actuales de los productos frescos, por ejemplo, no reflejan realmente las externalidades medioambientales y sociales, debido a la imposibilidad de establecer mecanismos de mercado adecuados. Sin embargo, la integración de los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) podría atenuar este problema.

Aún así, el uso de la legislación financiera para proporcionar incentivos a las empresas no debe ejercerse a la ligera. La solvencia debe estar basada en una base prudencial sólida. Esto evitará una mala asignación de recursos. Las grandes empresas suelen incorporar métricas ESG más completas y, por lo tanto, dominan las carteras de inversión sostenible. Sin embargo, cuando se trata de acceder a activos, una prioridad debe ser garantizar que otros actores económicos importantes, como pymes o startups, también puedan acceder a ellas.

La transformación digital, un cambio fundamental

La Unión Europea ha comprendido el importante papel que tiene la revolución digital. Por ello, ha puesto en marcha el programa Europa Digital, que intentará mejorar la competitividad de la UE y reforzar la estrategia tecnológica en la región. El programa se basa en cinco líneas de actuación que impulsarán la transformación digital:

Supercomputadores: se destinará un total de 2.700 millones de euros para apuntalar las capacidades de procesamiento de la computación de alto nivel en la UE.

Inteligencia artificial (IA): fomentar y reforzar el uso de la IA tanto en las empresas privadas como en los organismos públicos.

Ciberseguridad: como se mencionaba antes, la transformación digital ha abierto una ventana de oportunidad, pero por la que pueden entrar ciertos riesgos. Ciberataques, fraudes o robos de datos son los más conocidos, pero hay más. Por eso, la UE ha respondido adoptando la primera legislación a nivel europeo sobre ciberseguridad.

Formación en competencias digitales: el programa ‘Digital Europe’, la principal asociación comercial que representa a las industrias de transformación digital en Europa.

Asegurar un uso amplio de las tecnologías digitales en la economía y la sociedad impulsando la digitalización.

Es, precisamente, la economía una de los grandes sectores que lleva años reclamando digitalización y ha llegado para quedarse. Afecta a aspectos tan diversos del mercado como la banca ‘retail’ o la mayorista, pasando por una revolución en las cadenas de valor, los productos y, por supuesto, los procesos.

La digitalización da, por tanto, la oportunidad de ir un paso más allá, reducir costes, mejorar la intermediación, ser más transparentes y sostenibles. Todo este remolino digital se ha impulsado gracias a los ‘smartphones’ e Internet, donde la banca ha visto una gran ventana de oportunidad. Ya no es necesario ir al cajero automático a sacar dinero constantemente o a la oficina a hacer un trámite. Ahora, se puede pagar con un ‘selfie’ y hacer transferencias desde el sofá de la casa.

Fuente: BBVA