El 23 de junio de 2021, la Asociación de Bancos Privados del Ecuador (Asobanca) realizará la tercera edición del evento Asobanca Future Forums, en el que se abordará la temática de las marcas con propósito, luego de un año tan complejo para las empresas y marcas, por el shock económico que causó la pandemia de Covid-19. José Ignacio Morejón, cofundador y director de Sistema B Ecuador, será uno de los participantes de la tercera edición de este evento virtual. En esta entrevista, Morejón explica qué implica el movimiento de empresas con propósito y como una autoevaluación de las empresas puede ser clave para comenzar un proceso de transformación con propósito. Morejón considera que las empresas con propósito pueden ser actores protagónicos en la mitigación de los efectos adversos de las crisis sociales y ambientales. ¿Qué es el Sistema B y qué hacen las empresas B? ¿Cómo están estos temas atados al concepto de marcas con propósito? Sistema B es una organización sin fines de lucro presente en 11 países de Latinoamérica, somos miembros de una red global de organizaciones que empujan a las empresas y las motivan a un cambio de comportamiento empresarial, hacia el propósito como parte del core de su negocio. Con esto no nos referimos solo al modelo de negocio, sino también al comportamiento de las empresas. Entonces, partiendo de esta explicación, las empresas B son negocios que se han certificado bajo estándares rigurosos en temas sociales y ambientales, que han pasado por una autoevaluación que luego ha sido verificada por un tercero, en la que se puede ver cómo están gestionando y generando impactos positivos en cinco áreas: gobernanza, trabajadores, con su comunidad, con el medio ambiente y con sus clientes. ➤ Ver también: Empresas sostenibles, ¿cómo identificarlas? La evaluación de impacto B, como se le conoce, es la plataforma que utilizan las empresas B para evaluarse y certificarse, es una herramienta gratuita y está disponible para todas las empresas que quieran tener un diagnóstico inicial. Esto les ayuda dentro su giro de negocio a generar impactos positivos y gestionarlos de manera que entren en una lógica de mejora continua. La tendencia de las marcas con propósito ya tiene algún tiempo haciéndose espacio, ¿cómo ve a las empresas ecuatorianas en esta área? ¿Están en buena sintonía con lo que se demanda de una marca con propósito o les falta mejorar? Creo que el tema del propósito se ha convertido en trend topic sobre todo en estos últimos meses en Ecuador. Debemos tener cuidado en cómo lo manejamos y cómo lo presentamos. El papel aguanta todo y cualquiera puede decir que es una marca con propósito, que tiene un proyecto con propósito. Si no tenemos el sustento necesario para justificar y comprobar que lo que estamos diciendo lo estamos haciendo realmente, corremos el riesgo de que haya un impacto en la reputación de la empresa. Y si la única motivación de lanzarnos con la bandera del propósito es la reputación, el marketing o es solo un esfuerzo comunicacional sin sustento, el riesgo es muy alto. La invitación es a que todos nos subamos a la lógica del propósito como parte de nuestra gestión, de nuestro mensaje hacia afuera. Pero primero tiene que haber un trabajo hacia dentro. Este trabajo inicia con la evaluación. Se debe tener cuidado al subir a plataformas como estas, que son parte de las expectativas que tienen los consumidores y la sociedad en general, en la era de la gobernanza y la transparencia. ¿Cómo evitar que las marcas o empresas cometan ese error de tomar al propósito como una moda? ¿Esto también termina afectando a las empresas que hacen bien las cosas? Esto es un tema de corresponsabilidad en el comportamiento que esperamos del empresariado. El empresariado en Ecuador está dando pasos a un comportamiento distinto precisamente por la necesidad que tenemos de crear un ecosistema en donde la reputación de la empresa sea mejor. Y esa reputación solamente se la puede crear y sostener de manera adecuada y eficiente cuando tenemos confianza. Esa confianza cuesta crearla y se puede destruir inmediatamente de manera súper sencilla cuando decimos que hacemos algo que no estamos haciendo. Si me preguntas cómo lograr mayor rigurosidad en todo lo que respecta a este mensaje y esta lógica del propósito, puedo plantear algunos temas importantes. El primero es que tenemos que medir y gestionar nuestros impactos socioambientales de manera rigurosa. Y ahí está la evaluación que hacemos de impacto B, que es gratis; es decir, no hay excusa para que una empresa no quiera hacerlo. Uno puede entrar y crear una evaluación personalizada para la empresa, no importa el tipo, la evaluación se va a adaptando. Digo que este es el primer paso importante porque eso nos va a generar un diagnóstico. Segundo, adoptar un marco legal que nos permita generar esa legitimidad. Las empresas B adoptan dentro de sus cláusulas estatutarias de manera voluntaria un compromiso vinculante que dice cuál es la razón de existir como empresa: la solución de una problemática social o ambiental, y procurar un impacto positivo en sus distintos stakeholders. Entonces, el propósito también se protege cuando ampliamos el deber fiduciario a nivel estatutario, para que, en la toma de decisiones de las empresas, los gestores (administradores, directores, directorios) tengan que considerar los intereses de los distintos stakeholders vinculados a ese propósito; es decir, se vuelve un real compromiso de la empresa, nadie lo está exigiendo, ni el gobierno, ni una ley, nosotros mismos como empresarios lo estamos haciendo. ¿Cómo ve el panorama en Ecuador con respecto a legislación que promueva el funcionamiento de este tipo empresas comprometidas con problemáticas sociales y ambientales? Ecuador se convirtió en el año 2020 en el cuarto país del mundo que reconoce a este tipo de empresas a nivel legal. En nuestro país se las conoce como Sociedades de Beneficio de Interés Colectivo (BIC) y están normadas en la Ley de Emprendimiento. Esto aplica para cualquier tipo de empresas bajo la Superintendencia de Compañías. Las BIC son empresas motivadas por un propósito, que reportan y transparentan sus impactos socioambientales bajo estándares internacionales. Esto es importante porque la transparencia genera confianza y legitimidad. A diferencias de las BIC, las empresas B certificadas que mencioné antes han pasado por este mismo proceso, pero este proceso ha sido verificado por un tercero confiable, lo que le da más legitimidad, más veracidad; es decir, un experto en la materia ha revisado el puntaje de la evaluación a la que se ha sometido la empresa B. En cambio, las BIC hacen una autoevaluación, pero ya es un gran primer paso, porque es una autoevaluación en la que están transparentando su trabajo. Ahora bien, no todas las empresas están listas para esto, es un proceso, pero todas pueden comenzar en este camino a esa alineación, a los estándares que como movimientos de empresas B impulsamos. Invitamos a todas las empresas, no solo a que piensen en una marca con propósito, sino también a que piensen cómo sus empresas pueden convertirse en empresas con propósito. Si bien esta edición de Asobanca Future Forums es para hablar de marcas con propósito, yo voy a hablar de las empresas con propósito. Una marca que viene de una empresa sin propósito no es una marca con propósito, es solo una marca con un buen marketing. ¿Qué trabas o retos todavía enfrentan las empresas BIC y empresas B en el país? Esto no es bajo ningún concepto un proceso sencillo, es un proceso de transformación cultural, de comportamiento. Todo proyecto de innovación tiene sus retos. La clave es estar comprometidos con qué es lo que vamos a mejorar, es decir, lo que podemos medir, porque, obviamente, solo podemos mejorar lo que podemos medir. Como sector privado tenemos que crear empleo, pagar impuestos, pero esos son los mínimos. Mientras hacemos eso, también podemos generar impactos positivos en otras áreas y cuando uno corre la evaluación se da cuenta de cuáles son esas oportunidades para aprender de los mejores. Las empresas B a nivel regional y global han pasado ya por esto y la red comparte conocimientos, comparte aprendizajes, lo bueno, lo malo y lo feo. Por eso es importante entender que esto no solo se trata de la evaluación y la medición, se trata también de cómo cerramos brechas y de poder comparamos con los mejores, hay que perderle miedo a la comparación. Creo que otro de los retos importantes es el compromiso de liderazgo empresarial, no nos podemos quedar dormidos en los laureles ahora que las cosas parecen más estables. Necesitamos estar mucho más alertas, anticiparnos a lo que sabemos que va a venir. Las crisis sociales y ambientales no paran con un nuevo gobierno, pero sí podemos, de alguna manera, en colectivo, en confianza, crear las medidas que mitiguen los impactos negativos de estas crisis. Es fundamental reconocer que las empresas son el actor que puede patear el tablero en el sentido de las crisis sociales y ambientales. El gobierno solo no alcanza, y lo hemos visto en Ecuador y otros países, tenemos que entender como sector privado que estamos juntos en esto y que somos interdependientes con otros actores, como el gobierno. Tenemos que crear suficientes esquemas para construir confianza, encontrar las causas que nos convoquen y enfocarnos. ¿Cuáles son las principales oportunidades que pueden explotar estas empresas con propósito en el actual momento que vivimos, luego de casi un año y medio de pandemia? La mayor oportunidad que tenemos como movimiento B en el radar es la oportunidad de generar una economía de bienestar, en donde no solo cuidemos nuestro metro cuadrado, sino en el que entendamos que desde la interdependencia, haciendo lo que hacemos, podemos optar por los impactos positivos. Creo que esa es la oportunidad que tenemos, maximizar los impactos positivos que podemos tener. Cuando hablamos de sostenibilidad, de propósito de la gestión de riesgo, eso es entender cómo los negocios generan un equilibrio de triple impacto: nos mantenemos rentables, cuidamos el medio ambiente y nos enfocamos en cómo regenerarlo. No estamos hablando de empresas perfectas, las empresas con propósito no son empresas perfectas, pero se han comprometido de manera vinculante a mejorar, entrar en una lógica de mejora continua y transparencia, rigurosa, medida y ojalá, en colectivo. ¿Qué tan dinámico ha sido el crecimiento de las empresas con propósito en Ecuador? Hace cuatro años éramos cuatro empresas B pioneras y hoy somos 20, pero el indicador más importante no es cuantas empresas B existan en el corto plazo, en el largo plazo sí. En el corto plazo no es tan importante, porque sabemos que es un proceso complejo que requiere compromiso, valentía y tiempo. En Ecuador, desde enero de 2020, cuando se reconoció a las empresas BIC, nos convertimos en el cuarto país del mundo en reconocerlas y actualmente son casi 220 registradas. Nuestro reto como organización es liderar esta red de empresas que hoy se han comprometido con este comportamiento empresarial. Creo que ante la necesidad de tener más empresas con propósito vamos a poder escalar al mismo ritmo que las crisis sociales y ambientales. ¿Qué beneficios tiene el ser parte de este movimiento de empresas con propósito? Toda compañía puede transformarse en una empresa con propósito haciendo un cambio en sus estatutos. Dentro de lo que hacemos como Sistema B y ciertos aliados es apoyar a que las empresas den ese salto de manera más sencilla, es una formalidad lo de los estatutos, pero implica cambio de comportamientos dentro de la empresa. Otro tema fundamental es el área de comunidad. Por ejemplo, vemos el compromiso de las empresas frente al alivio de la pobreza en su cadena de suministro, con sus stakeholders, con sus aliados, que se han comprometido desde su modelo de negocio a aliviar la pobreza, reconociendo que hay poblaciones vulnerables que pueden ser incluidas en sus modelos y ser beneficiarias de manera sustancial. Hay otro temas súper importantes como la diversidad, equidad e inclusión. Las empresas B; es decir, las empresas con propósito, tienen esto en su chip. Piensan en cómo cerrar las brechas de género, cómo incluir a población vulnerable, cómo incluir a jóvenes en su primer trabajo, a comunidades indígenas en zonas económicamente deprimidas. Si abrimos nuestras mentes al propósito y a entender a la empresa como un agente de cambio todo se multiplica. Un mejor futuro significa empresas más sanas, sociedades con mayor bienestar y un medio ambiente más sano, es sencillo, es bastante de sentido común. ¿Cómo participa el sector financiero de este movimiento de las marcas y las empresas con propósito? Estamos frente a una oportunidad de reinventar el sistema financiero, no solo incorporando a los bancos, sino también otros actores, por ejemplo, las Fintech. ➤ También te puede interesar: Cómo las fintech pueden ser motor de la economía de Latinoamérica Además, los fondos de inversión de impacto ya están dándose la vuelta y mirando al ecosistema ecuatoriano. Tenemos casos fantásticos de entidades del sector que hacen las cosas muy bien y tienen un modelo de negocio escalable para internacionalizarse. En este proceso del propósito es clave el sistema financiero, por el rol dinamizador que tiene en la economía, su responsabilidad es gigante, porque como mencionaba antes, todos los actores somos interdependientes y formamos un círculo virtuoso que se conforma con buenas empresas que tengan buenos modelos de negocio y con buenos liderazgos.