Uno de los casos más llamativos es Plock, un sistema de bloques desarrollado por la empresa colombiana Green Solutions a partir de materiales reciclados y fibras naturales. Según la compañía, estos ladrillos son significativamente más ligeros que los tradicionales, reducen el uso de materiales complementarios como morteros y rellenos, y permiten disminuir hasta en un 97% la huella de carbono y en un 90% la huella hídrica frente a un ladrillo de arcilla convencional. Desde 2016, la empresa ha participado en la construcción de más de 200 viviendas utilizando este sistema. La innovación también alcanza al hormigón, cuya producción genera cerca del 8% de las emisiones globales de dióxido de carbono. En el Reino Unido, investigadores de la Universidad del Este de Londres, junto con Tate & Lyle Sugars y la firma de arquitectura Grimshaw, desarrollaron Sugarcrete, un material elaborado con bagazo de caña de azúcar. Sus emisiones de carbono son hasta veinte veces menores que las del hormigón convencional, además de ser cinco veces más ligero y de menor costo de producción. Actualmente puede emplearse en paneles aislantes, bloques estructurales y losas para pisos y cubiertas. Te puede interesar: Material de construcción es desarrollado con cáscaras de camarón Otra línea de desarrollo explora la biotecnología aplicada a la construcción. La startup estadounidense Biomason creó BioBasedTiles, baldosas y ladrillos fabricados mediante biocemento generado con bacterias. Inspirado en los procesos naturales de formación de corales, este sistema se endurece a temperatura ambiente en aproximadamente 72 horas y reduce considerablemente las emisiones asociadas a la fabricación tradicional de materiales cerámicos y de hormigón. En Argentina, la arquitecta Juliana Lareu investiga ladrillos biológicos elaborados a partir de residuos de la industria cervecera y maderera, combinados con micelio, la estructura vegetativa de los hongos. El material aprovecha desechos orgánicos como bagazo de cebada, virutas y aserrín, que son aglomerados naturalmente por el crecimiento del micelio. Las piezas obtenidas presentan propiedades destacadas: son ligeras, resistentes, biodegradables, aislantes térmicas y acústicas, ignífugas y completamente compostables al finalizar su vida útil. La propuesta busca convertir residuos que normalmente terminarían en vertederos en insumos para la construcción, incorporando principios de economía circular y biofabricación. En conjunto, estos desarrollos reflejan una tendencia cada vez más visible en la industria: la exploración de materiales capaces de reducir emisiones, aprovechar residuos y disminuir el consumo de recursos naturales sin comprometer el desempeño estructural.