El uso de la tecnología puede además ayudar en este punto de la pandemia para conocer mejor la situación actual. Esta es una de las claves para tomar decisiones informadas y, por extensión, más acertadas sobre los próximos pasos a seguir. La obtención de la información La expansión de los teléfonos móviles inteligentes nos otorga una ventana de oportunidad única. Por ejemplo, son varias las iniciativas que buscan el obtener de la forma más precisa los contactos que tenemos. Apple y Google han llegado a un acuerdo para implementar un protocolo que permita la comunicación entre los dispositivos de las dos compañías. De esta forma, pueden ayudar a los gobiernos a crear un registro de personas con las hemos estado. La Unión Europea está trabajando también en esta misma línea, a través del proyecto Pan-European Privacy-Preserving Proximity Tracing. Este proyecto busca promocionar normas, tecnología y servicios adoptando un enfoque de preservación de la privacidad total. Este proyecto incluye entre sus iniciativas la Decentralized Privacy-Preserving Proximity Tracing. Los investigadores buscan crear un protocolo descentralizado, es decir, no existe una única organización que almacena toda la información sino que se distribuye entre los usuario. Este proyecto está siendo liderado por la investigadora española Carmela Troncoso desde la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza). El uso de esos datos mediante herramientas como la inteligencia artificial Son varios los proyectos que se están llevando a cabo en este sentido. El Gobierno Vasco, junto con Sherpa.ai, ha desarrollado un sistema que, haciendo uso de la inteligencia artificial, intenta predecir la necesidad de UCI en los próximos días. La Universidad de Granada ha desarrollado un modelo de inteligencia artificial para la detección de la Covid-19 en radiografías de tórax. Buscan de esta manera acelerar el diagnóstico de la enfermedad, permitiendo descartar la revisión de muchas de las pruebas a los médicos. Investigadores de la Universidad de Cambridge, por su parte, están buscando donantes de voz para intentar desarrollar modelos predictivos. Su objetivo es ser capaces de determinar si una persona está infectada o no analizando su voz. Buscan una detección temprana de la enfermedad mediante, por ejemplo, una simple llamada telefónica. Los tres gigantes dormidos Todas estas soluciones tecnológicas presentan también una serie de peligros inherentes que no es posible obviar. Jonh Morrison, en su ponencia en el Global e-Sustainability Initiative (GeSI) definió lo que denominó como los tres “gigantes dormidos de la tecnología”: privacidad, consentimiento, y veracidad de los datos. La privacidad y el consentimiento han sido objeto de debate en varias de estas tecnologías. De hecho, Google y Apple han cambiado su planteamiento inicial tras las presiones de varias organizaciones y organismos gubernamentales. La solución que están desarrollando es ahora más garante respecto al derecho a la privacidad de las personas. El uso de un sistema de diagnóstico automático de la voz presenta a su vez distintos retos. Por ejemplo, podríamos implantar el sistema en un teléfono de atención al público en un hospital. Entonces surgen varias dudas. ¿Cómo podrán hacer valer su derecho aquellas personas que no quieran pasar por el sistema? ¿Cómo renunciar a pasar por el sistema? ¿Significa eso que no puedo usar estos teléfonos? La tecnología puede ser una herramienta clave para mejorar el control y el conocimiento de la pandemia en diversos aspectos. Puede dar soporte a los expertos en la materia para ayudar a conocer mejor la situación y tomar las decisiones más adecuadas. Aún así, no por ello debemos confiar la solución de una situación tan compleja únicamente a la tecnología. Podemos pagar un precio muy alto por ello.