Ella recuerda que la tecnología puede ser un factor de inclusión para los menores ya que les permite conocer y acceder a una realidad sin barreras de acceso. “La tecnología bien utilizada tiene una capacidad educativa/formativa importante... la tecnología es una excelente herramienta para definir relaciones interpersonales...”, menciona. Aunque existen algunas herramientas para limitar la navegación por internet para los niños, lo ideal es hacer un trabajo manual por parte de los padres, quienes deben estar atentos a las diferentes interacciones que su hijo o hija tenga en las plataformas sociales. “Muchas veces los filtros no filtran lo realmente dañino... filtran un contenido o video que efectivamente es muy explícito en lo sexual, o en la violencia, pero no filtran los mensajes que llegan a través de una red social”, advierte la especialista en investigación sobre el impacto de la tecnología en niños y adolescentes. Riesgos Todo menor que interacciona con las tecnologías se expone a riesgos, que los estudios los identifica como Las Cuatro C: Contenidos inapropiados para su edad, la posibilidad de ser contactados o de entrar en contactos con desconocidos que pueden plantear un riesgo, las conductas que pueden llevar a cabo a través de la tecnología, y las condiciones de términos de uso como consumidores. “Los menores no son conscientes de las implicaciones que sugiere”, refiere a los términos y condiciones que toda aplicación pide aceptar para ser parte. Estos riesgos son inevitables, la clave es precautelar a los menores para que no sean arrastrados por los daños. “El riesgo existe, pero eso no quiere decir que el riesgo vaya a ser la consecuencia del uso de la tecnología, sino que se da una serie de circunstancias que pueden producir un daño. El daño es lo que hay que evitar”, menciona. ¿A que edad un niño debe exponerse a las pantallas? Probablemente esta sea la pregunta del millón de todo padre, ¿cuándo exponer a mi hijo a las pantallas? Sádaba sugiere que “cuanto más tarde, mejor”. “Ellos conviven con la tecnología de una manera natural, y no le estamos quitando ninguna oportunidad de aprender cosas”, sostiene. Sin embargo, hay algo más determinante que la edad numérica y es la edad mental y madurez del niño o joven. “Se toma esta decisión atendiendo a las peculiaridades personales de cada hijo y de cada hija. A veces un niño de once años está perfectamente capacitado para tener un celular porque es ordenado... y en cambio a otro de la misma edad le puede hacer un daño horrible, porque es desordenado, porque tiene sus afectos absolutamente desperdigados”, explica y añade que este paso lo deben dar en conjunto con papá y mamá, o con sus cuidadores. La Asociación de Pediatras Americana hace unos años publicaba unas recomendaciones generales que indicaba que entre las edades de 0 y 2 años no había que exponerlos. Corregir a tiempo La adolescencia no es la mejor etapa para enseñar, prohibir o corregir sobre el uso de las tecnologías, las normas deben venir desde antes, cuando son preadolescentes o niños. “La adolescencia es un mal momento para tomar medidas drásticas, porque la adolescencia en una época explosiva donde básicamente hay que sobrevivir... y cualquier norma nueva va a ser cuestionada”, menciona Sádaba. Sugiere que haya normas, pero que sean pocas y dispuestas a cumplirse a cabalidad. Cita como ejemplo el que no haya celulares en la cama y que las comidas son espacios libres de tecnología. “Hay que tener mucha conversación sobre el uso de la tecnología... y hay que preguntar, no de manera inquisidora, si no preguntar para querer entender”, dice. Fuente: El Universo