La sostenibilidad dejó de ser una tendencia para convertirse en un eje estratégico de la industria alimentaria. La descarbonización agroalimentaria, la economía circular y la transición hacia proteínas sostenibles y alimentos funcionales marcan el rumbo de un sector impulsado por el cambio climático, la presión demográfica y la necesidad de reducir la huella hídrica y de carbono. “La investigación científica permite la valorización de subproductos agroindustriales, transformando mermas en fibra o bioingredientes”, explica Adriana Pérez, Directora de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Especialidades Espiritu Santo (UEES). Añade que la agricultura de precisión y la formación de talento permiten producir más alimentos con menor impacto. La industria responde con etiquetas limpias, menos sodio, menos ultraprocesados y mayor trazabilidad. El reto es escalar estas soluciones sin encarecer la canasta básica ni limitar el acceso a alimentos nutritivos. En empaques destacan las películas bioplásticas comestibles, las tecnologías de barrera activa y el uso de rPET de grado alimenticio. “El mayor desafío sigue siendo equilibrar la viabilidad financiera e industrial con la preservación de la inocuidad y la vida útil del producto”, señala Pérez. También te puede interesar: Cómo las empresas ecuatorianas crean valor para el consumidor Una tarea compartida En Ecuador, el avance se refleja en la implementación de la Ley de Economía Circular y el ecodiseño, con empaques que incorporan hasta un 30% de resina reciclada y reducen gramos por envase. Además, proyectos locales reportan la recuperación de más de 55.000 toneladas de residuos, aunque la tasa nacional de reciclaje ronda el 7%. A futuro, el desafío será reducir la pérdida de alimentos en campo y consolidar biofinanzas. Academia, empresa privada y Estado deberán impulsar investigación, ecodiseño, infraestructura limpia e incentivos ambientales.